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El FMI exige eliminar los subsidios a los productos derivados del petróleo, pese a que la población ya no podría acceder a estos.

El FMI exige eliminar los subsidios a los productos derivados del petróleo, pese a que la población ya no podría acceder a estos. | Foto: Reuters

Publicado 17 julio 2018

Los haitianos rechazan las exigencias del FMI, en el marco de un acuerdo de "ayuda humanitaria" y la intervención de EE.UU. y la ONU, que ha devastado aún más al país.

Desde el 6 de julio, Haití fue escenario de protestasen rechazo al aumento en los precios de la gasolina, el petróleo y el kerosene. Una medida acordada en febrero entre el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Ante la violencia, la medida fue revertida al día siguiente y el presidente Jovenel Moïse llamó a la población a regresar a sus hogares. Sin embargo, las protestas continuaron y han dejado al menos tres muertos, así como daños a edificios gubernamentales, comercios, hoteles y oficinas de negocios. 

Los disturbios ocurrieron en la capital Puerto Príncipe, en la ciudad Cap-Haitien y en las comunas de Les Cayes, Jacmel y Petit-Goave.

Para el 9 y 10 de julio sindicatos y grupos opositores convocaron a una huelga general, la cual se cumplió y causó la paralización del transporte. Tras esto, se restableció la calma y la actividad comercial.

Renuncia del primer ministro

Las protestas y el descontento social en el país por los ajustes exigidos por el FMI hicieron que el primer ministro haitiano, Jack Guy Lafontant, presentara su renuncia el 14 de julio ante el presidente Jovenel Moïse.

Mientras la población espera por el nombramiento de un nuevo primer ministro, el presidente Moïse prometió formar un Gobierno inclusivo e inició consultas con sectores económicos, políticos, sociales y religiosos.

El portavoz presidencial informó que Moïse ya ha tenido reuniones con posibles candidatos.

La "ayuda humanitaria" del FMI y EE.UU.

La medida de "ajuste" del FMI implicaba el aumento de la gasolina en 38 por ciento, del diésel en 47 por ciento y el del kerosene en 51 por ciento, este último utilizado por la mayoría de los haitianos para alumbrar sus casas, debido a que no tienen electricidad.

Se trataba de un acuerdo de "ayuda humanitaria" entre el Gobierno de Haití y el FMI, realizado sin el consentimiento de la población, como parte de un programa de ajustes, cuyo propósito era poner fin a los subsidios que tienen los productos derivados del petróleo bajo el pretexto de reducir el déficit presupuestario gubernamental y "estabilizar" la economía.

El rechazo a la medida fue de inmediato pues el acceso al combustible es solo es posible gracias a los subsidios. La mayoría de los haitianos aún viven en pobreza extrema, en un país con desempleo generalizado y una alta inflación.

La deuda de Haití con el FMI se dio tras el terremoto de 2010, que dejó al menos 222 mil 570 fallecidos, 1,5 millones de personas en la indigencia y pérdidas materiales calculadas en 7.900 millones de dólares. Se trató de un "préstamo" de 114 millones de dólares que debía empezar a ser reembolsado tras un período de cinco años y medio. 

Tras el terremoto, el país también sufrió una epidemia de cólera, de la cual es acusado el personal de paz de Naciones Unidas. La enfermedad mató a más de 8 mil personas y más de 650 mil se enfermaron. A esta catástrofe se unieron los huracanes Matthew e Irma en 2016 y 2017, tras los cuales miles de personas siguen viviendo en campamentos.

El terremoto sirvió de excusa para una nueva intervención "humanitaria" de Estados Unidos (EE.UU.) en Haití, donde años antes, entre 1951 y 1986, fue responsable de implementar la dictadura de los Duvalier para controlar y saquear los recursos naturales de la isla.

Esta calamidad que atravesaba el país también abrió la oportunidad para la "ayuda humanitaria" de la ONU, que tomó el control de la isla con la misión MINUSTAH (7 mil soldados y policías).

La intervención extranjera terminó siendo un fraude económico, pues mientras el país seguía sufriendo las consecuencias del terremoto, millones de dólares en "ayuda humanitaria" de Occidente no llegaron nunca a la población. Casi el 90 por ciento de este financiamiento quedó en organizaciones extranjeras, entre ellas se acusa a la Fundación Clinton.

La deuda externa de Haití se estima en unos 890 millones de dólares, de los cuales el 41 por ciento corresponde al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), su mayor acreedor, y el 27 por ciento al Banco Mundial (BM).


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