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En 1925 Neruda escribe lo que sería su única novela: El habitante y su esperanza.

En 1925 Neruda escribe lo que sería su única novela: El habitante y su esperanza. | Foto: La Tercera

Publicado 23 septiembre 2021



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En junio de 1934 viaja a Madrid donde se reencuentra con Federico García Lorca y otros poetas de la generación del 27.

Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto nació el 12 de julio de 1904 en Parral, en la ciudad de la región centro sur de Chile conocido como Pablo Neruda. Es hijo único de Rosa Neftalí Basoalto y José del Carmen Reyes.

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El 8 de julio aparece en el diario La Mañana, de Temuco, la firma de Neftalí Reyes con un artículo titulado “Entusiasmo y perseverancia”. Allí aparecería por vez primera una publicación del poeta Pablo Neruda.     

En 1920, un encuentro cambia la vida literaria del escritor chileno. Conoce a Gabriela Mistral, quien llega a Temuco como directora del Liceo de niñas. En 1954 Neruda recordará este encuentro: “… ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí”.

Foto: Zenda

En 1925 Neruda escribe lo que sería su única novela: El habitante y su esperanza. En junio de 1934 viaja a Madrid donde se reencuentra con Federico García Lorca y otros poetas de la generación del 27, entre ellos Rafael Alberti y Miguel Hernández, grandes amigos del poeta.

Acá compartimos algunos poemas que te ayudarán a conocer más al poeta.  

1- Amiga, no te mueras

Amiga, no te mueras

Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,

y que nadie diría si yo no las dijera.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que te espera en la estrellada noche.

El que bajo el sangriento sol poniente te espera.

Miro caer los frutos en la tierra sombría.

Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas.

En la noche al espeso perfume de las rosas,

cuando danza la ronda de las sombras inmensas.

Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando

el aire de la tarde como una boca besa.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes

para el lecho selvático fragante a sol y a selva.

El que trajo en los brazos jacintos amarillos.

Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.

El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.

El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.

Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.

Racimos refregados. Mordeduras bermejas.

El que te llama desde las llanuras brotadas.

Yo soy el que en la hora del amor te desea.

El aire de la tarde cimbra las ramas altas.

Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea.

El río desatado rompe a llorar y a veces

se adelgaza su voz y se hace pura y trémula.

Retumba, atardecida, la queja azul del agua.

Amiga, no te mueras!

Yo soy el que te espera en la estrellada noche,

sobre las playas áureas, sobre las rubias eras.

El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas.

Tendido entre las hierbas yo soy el

2- Aquí me quedo

Yo no quiero la patria dividida.

Ni por siete cuchillos desangrados:

Quiero la luz de Chile enarbolada

sobre la nueva casa construida:

cabemos todos en la tierra mía.

3-Tina Modotti ha muerto

Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:

tal vez tu corazón oye crecer la rosa

de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.

Descansa dulcemente, hermana.

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya:

te has puesto un nuevo traje de semilla profunda

y tu suave silencio se llena de raíces.

No dormirás en vano, hermana.

Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida:

De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma:

De acero, línea, polen, se construyó tu férrea,

tu delgada estructura.

El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido

aún asoma la pluma y el alma ensangrentada

como si tú pudieras, hermana, levantarte,

sonriendo sobre el lodo.

A mi patria te llevo para que no te toquen,

a mi patria de nieve para que a tu pureza

no llegue al asesino, ni el chacal, ni el vendido:

allí estarás tranquila.

¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo

grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?

¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?

Hermana, son tus pasos.

Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,

antes de que las rosas de ayer se desbaraten,

Ya pasarán a ver los de un día, mañana,

donde está ardiendo tu silencio.

Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana,

avanza cada día los cantos de tu boca

en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.

Tu corazón era valiente.

En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas

polvorientas, algo se dice y pasa,

algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,

algo despierta y canta.

Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre,

los que de todas partes, del agua, de la tierra,

con tu nombre otros nombres callamos y decimos,

porque el Fuego no muere.

4- No culpes a nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada,

porque fundamentalmente tú has hecho

lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti

mismo y el valor de empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de

las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,

enfréntala con valor y acéptala.

De una manera u otra es el resultado de

tus actos y prueba que tu siempre

has de ganar..

No te amargues de tu propio fracaso ni

se lo cargues a otro, acéptate ahora o

seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es

bueno para comenzar y que ninguno es

tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente

es tu pasado así como la causa de tu

futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes,

de quien no acepta situaciones,

de quien vivirá a pesar de todo,

piensa menos en tus problemas

y más en tu trabajo y tus problemas

sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser

más grande que el más grande de los obstáculos,

mírate en el espejo de ti mismo

y serás libre y fuerte y dejarás de ser un

títere de las circunstancias porque tú

mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas

y respira la luz del amanecer.

Tú eres parte de la fuerza de tu vida,

ahora despiértate, lucha, camina,

decídete y triunfarás en la vida;

nunca pienses en la suerte,

porque la suerte es:

el pretexto de los fracasados…

5-El mar

Necesito el mar porque me enseña:

no sé si aprendo música o conciencia:

no sé si es ola sola o ser profundo

o sólo ronca voz o deslumbrante

suposición de peces y navíos.

El hecho es que hasta cuando estoy dormido

de algún modo magnético circulo

en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas

como si algún planeta tembloroso

participara paulatina muerte,

no, del fragmento reconstruyo el día,

de una racha de sal la estalactita

y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,

incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven

que aquí llegó a vivir con sus incendios,

y sin embargo el pulso que subía

y bajaba a su abismo,

el frío del azul que crepitaba,

el desmoronamiento de la estrella,

el tierno desplegarse de la ola

despilfarrando nieve con la espuma,

el poder quieto, allí, determinado

como un trono de piedra en lo profundo,

substituyó el recinto en que crecían

tristeza terca, amontonando olvido,

y cambió bruscamente mi existencia:

di mi adhesión al puro movimiento.


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