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En 2015, los entonces presidentes de Argentina y Bolivia, Cristina Fernández y Evo Morales, en forma respectiva, inauguraron la estatua a la generala Juana Azurduy.

En 2015, los entonces presidentes de Argentina y Bolivia, Cristina Fernández y Evo Morales, en forma respectiva, inauguraron la estatua a la generala Juana Azurduy. | Foto: @CFK

Publicado 9 julio 2021



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El 9 de julio de 1816 el Congreso de Tucumán aseguró la unión de las provincias argentinas frente a la corona española.

En 1816 convergieron dos hechos fundamentales para la historia de Argentina y, por extensión de toda América del Sur: la declaración de la Independencia y la organización final del plan continental del general José de San Martín, quien sería el garante de esa independencia y la llevaría más allá de las Provincias Unidas. 

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Los hechos de 1816 llegaron tras la primera oleada juntista en América Latina, a partir de 1810, en la cual las colonias hispanas desde Nueva España (México) hasta Río La Plata (Argentina) declararon su separación del Gobierno instalado en Madrid, tras la invasión napoleónica, quien impuso a su hermano José como rey hispano.

Sin embargo, luego de la derrota de Napoleón, España se había liberado de los franceses y el rey Fernando VII, máxima expresión del absolutismo despótico, había vuelto al trono y se predisponía a recuperar los territorios americanos que estaban en manos de los revolucionarios. El ejército realista había comenzado a avanzar por toda la región derrotando a una parte de los movimientos independentistas americanos. 

Frente a esa situación, las Provincias Unidas de Río La Plata, alianza emanada de la Junta de mayo de 1810, decidieron qué hacer frente al peligro realista. El Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas en Sudamérica se reunió en San Miguel de Tucumán para limar asperezas entre Buenos Aires y las provincias, pues sus relaciones estaban deterioradas.

El 9 de julio de 1816 los representantes firmaron la "Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas en Sudamérica", en la cual afirmaban la voluntad de "investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli", así como de "toda otra dominación extranjera". 

El congreso, todo de hombres, compuesto por 29 diputados estuvo encabezado por Francisco Narciso de Laprida, diputado por San Juan; Mariano Boedo, diputado por Salta; José Mariano Serrano, diputado por Charcas y Juan José Paso, diputado por Buenos Aires. En el listado no aparece, sin embargo, José de San Martín, el más descollante de los próceres de la guerra independentista.

 

José de San Martín, nacido en 1778, es uno de los dos grandes libertadores del continente americano, junto con Simón Bolívar y su nombre y acciones trascendieron más allá de su país, pues tuvo una participación decisiva en la independencia de Chile (junto a Bernardo O´Higgins) y Perú (junto a Bolívar). 

Tras organizar al Ejército de los Andes, cruzó la cordillera y coronó la emancipación de Chile, en las batallas de Chacabuco y Maipú. Con una flota organizada y financiada por Chile, y luego de recibir instrucciones del Senado de Santiago, atacó al centro del poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, y declaró la independencia del Perú en 1821. 

Finalizó su carrera de las armas luego de producida la Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar, en 1822, donde le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú, tras lo cual se retiró a Europa, donde murió en 1850.

Manuel Belgrano, nacido en 1770 en Buenos Aires había participado en la defensa de la ciudad frente a las intentonas inglesas de 1806 y 1807. Tras el Congreso de Tucumán, su nombre trasciende porque en 1812 creó la bandera argentina en la ciudad de Rosario. Comandó el Ejército del Norte y logró firmar un tratado confederal con Paraguay para su emancipación. 

 

Entre los más relevantes de los próceres argentinos aparece Martín de Güemes, uno de los militares más fuertes y combativos que protagonizó el proceso independentista, ejerció durante seis años la gobernación de Salta, desde la que protagonizó numerosos combates contra tropas realistas e incluso, al final de su vida, en la guerra civil.

Juana Azurduy fue una altoperuana (lo que hoy es Bolivia) quien junto a su marido, Manuel Padilla, reclutó soldados indígenas para las fuerzas patriotas, participó de las expediciones al Alto Perú y en la denominada "guerra de republiquetas"; período durante el cual la guerra le arrebató a su marido y a cuatro de sus cinco hijos. En 2015, la entonces presidenta argentina Cristina Fernández le confirió el grado de general del Ejército nacional.

María Loreto Sánchez de Peón Frías, salteña organizó una red de mujeres espías al servicio de la guerrilla de Güemes ante las sucesivas invasiones realistas de las ciudades de Salta y Jujuy, cuya tarea contribuyó a desgastar al enemigo y frustrar sus planes.

Y por su parte, María Remedios Valle, junto a su hermana, su madre y su tía integró el grupo denominado "Las niñas de Ayohuma", compuesto por mujeres afroargentinas las cuales asistieron a los heridos y lucharon en el Ejército del Norte (el de San Martín), cuyos soldados la llamaban "madre de la Patria".

Estos hombres y mujeres son apenas un botón de muestra de quienes, desde el protagonismo o la clandestinidad, resultaron esenciales en la consecución de la primera independencia de Argentina.


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