Argentina: Las hazañas de los corruptos del Sistema

La sección policiales de cualquier diario argentino se nutre estos días de hechos que parecen contrapuestos pero son parte de lo mismo. Por un lado, un Presidente, en este caso Mauricio Macri, procede a repatriar  18 millones de pesos (un millón 304 mil dólares) que mantenía en un banco de las islas Bahamas, para invertirlo en bonos locales, emitidos por su Gobierno. Esa iniciativa, anunciada como "un gran gesto" del mandatario (el mismo que figura en los famosos Panamá Papers) que demuestra  la “confianza”  por la nueva etapa que ha emprendido el país, vendrá acompañada de un proyecto de Ley de Blanqueo de Capitales que deberá ser aprobado por el Congreso. 

Argentina: Las hazañas de los corruptos del Sistema



Esto, que en cualquier sitio de este planeta que se ajustara a normas de legalidad estricta y de un poquito (solo un poquito) de ética en acciones gubernamentales, pudiera ser caracterizado de delito (agravado aún más por ser un funcionario público el que lo realiza), en la Argentina macrista se transforma de buenas a primeras en un gesto de “honradez” y recibe el aplauso de los medios hegemónicos, esos que son tan insidiosos en sus ataques contra Venezuela bolivariana, y no dudan ni un instante en alabar la decisión presidencial.  También, la medida concita el beneplácito de empresarios y altos cargos por considerarlo como una medida “saludable”, y de paso porque les abre a ellos mismos las puertas para blanquear dinero mal habido o ganado en la ruleta de coimas y otras facilidades que otorgan los negocios que habitualmente se gestan en las alturas del poder.

Pero Macri no es el único ni mucho menos. Algunos del staff oficial siguen su escuela. Allí están las declaraciones  del presidente del Banco Nación, Carlos Melconián, demostrando qué a él también le gustan estas prácticas. Confiesa el hombre sin ruborizarse  que “como muchos argentinos, tengo dinero guardado en el exterior” y que traerá una parte, y que el resto lo pondrá entre paréntesis hasta que "el país vaya generando un crecimiento confiable”. "Entonces sí todos traeremos los fondos”, concluyó en su impudicia. Parece una broma pero es algo absolutamente cierto: si el presidente del Banco fundamental de Argentina no tiene claros los efectos de su propia gestión gubernamental, qué le puede pedir a los otros 40 millones de argentinos, muchos de ellos padeciendo despidos, tarifazos, hambre y sobre todo, instalados como en los años 90 en bolsones de desesperanza.

Ese es el macrismo, derechista, neoliberal, amigo íntimo de la política norteamericana en el continente. El gran problema es que en el otro lado del cuadrilátero, las cosas no son mejores. O para decirlo en términos expresados por un dirigente social peronista: “dan asco”. A su vez sirve cada acto ilícito que se descubre en un sector para tapar la magnitud del que horas antes se había sacado a la superficie en el otro. Como en la época de Menem, se cantaba en las movilizaciones: “son todos narcos”, ahora se podría imponer el “son todos chorros".

Es evidente que como ocurrió en Brasil con algunos altos funcionarios del Partido de los Trabajadores, aquí también en el gabinete del anterior gobierno kirchnerista hubo personajes indeseables que no dudaron en robar, corromperse y estimular a diestra y siniestra esa actitud, con total impunidad. Si el tesorero del PT brasileño (ahora detenido), Joao Vaccari se embolsó coimas por 70 millones de dólares y el publicista de Dilma, Joao Santana (también entre rejas) se auto premió con sobresueldos de varios millones de dólares por los chanchullos de Petrobras, aquí hubo algunos que no se quedaron atrás en el arte de la corrupción a alto nivel. Allí está el ejemplo reciente del ex secretario de Obras Públicas José López, arrojando bolsos con casi 9 millones de dólares por encima de las paredes de un convento, después -seguramente- de desenterrarlas de otro escondite, al ver que lo tenían en la mira. Nueve millones parece mucho para un ahorrista empedernido, pero en realidad no es nada más que un vuelto de todas las entregas en dólares, euros, yenes, reales de Qatar y otras monedas, que este y otros funcionarios han ido recibiendo en estos años, por parte de inversores que abonaban ese canon obligatorio para desarrollar tal o cual obra pública. De hecho, era vox populi que tanto en el ámbito nacional como en la gestión capitalina, 60% era la cifra que algunos funcionarios pedían a cambio de habilitaciones o dar luz verde a proyectos varios.  Ya otro ex-secretario, el de Transportes del gobierno K, Ricardo Jaime había incursionado en temas similares y ahora está preso con varias causas judiciales en la mochila. Y habría una larga lista de macristas con “hazañas” similares, pero no están presos precisamente porque ahora les toca gobernar y se han invertido los planos.

Asco es la palabra adecuada y no alcanza para expresar la bronca que generan estas actitudes de que elementos  “progresistas”  o neoliberales se unan en la idea de esquilmar al país, en generar aún más des-entusiasmo en las nuevas generaciones que observan azoradas como los politiqueros de estas democracias burguesas constituyen un nido de víboras venenosas, que se pican entre ellas con tal de seguir acumulando ganancias.

José López  y todos los que vendrán detrás de él, no son una casualidad, sino parte de un entramado de naturalización de la corrupción en un sector que reclamaba enarbolar banderas nacionales y populares, pero que en realidad (no todos por supuesto, pero sin duda son muchos ) querían llenarse los bolsillos con la voracidad y la brutalidad que genera el pensamiento capitalista. Cuanto más millones de dólares pudieran engrosar en sus valijas, bolsos o cuentas en el exterior, producto del peaje delictivo que  cobraban por cada obra pública construida, más poderosos se sentían a la hora de “hacer política”. López es hombre del ex ministro Julio de Vido. Ambos, como parte del staff que los acompañaba, estuvieron inamovibles durante toda la gestión kirchnerista. Dan mucho que pensar las razones de esa falta de recambios, y las explicaciones no son precisamente en términos de “lealtades” o “eficiencia” sino de grupo operativo, espalda con espalda, para gestiones que como se ve no todas fueron legales.

Lo ocurrido esta vez no podrá achacárselo a campañas mediáticas ni a conspiraciones desestabilizadoras, sino que es el producto de individuos que utilizaron banderas que nos les pertenecían y que están manchadas de la sangre de verdaderos patriotas, y las ensuciaron con sus negociados espúreos.

Así como Macri y sus muchachos no pueden ocultar sus ilícitos  y por eso los blanquean (con la ayuda de opositores que votan junto a ellos en el Parlamento nacional y en la Legislatura porteña), los López, Jaime y compañía, hoy en el llano y perseguidos por otros como ellos, de signo contrario pero idénticos planteamientos a la hora de sostener el Sistema, representan una fotografía -parecida a la de Brasil- de todo aquello que hay que repudiar y a lo que se debe combatir. Son, con mínimas variantes, los grandes facilitadores de que la derecha regional y el imperio se aposenten cómodamente en cada país.

Al margen de estas conductas francamente miserables, están los de abajo (de todas las ideologías propulse), las y los que trabajan de sol a sol y no les alcanza el magro salario para dar de comer a sus familias, las y los que estudian con sacrificio y luego no encuentran donde aplicar lo que aprendieron, las y los que pelean en las calles contra despidos y tarifazos, aquellos y aquellas que recogieron los principios y el altruismo militante de anteriores generaciones, que apuestan a que hay otra forma de hacer política que no sea robando para sí o para la corona. Mujeres y hombres de a pie, que no abandonan los sueños de que la Argentina algún día se libere realmente y termine con estas mafias delincuenciales que visten trajes de marca, usan vehículos de alta gama para desplazarse y hacen gala de comportamientos delictivos basados en la impunidad con que habitualmente se mueven. Hasta que los pueblos, hartos de todos ellos, hagan sonar el escarmiento.


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Perfil del Bloguero
Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.
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