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Cristina y su renunciamiento histórico

| Foto: Página 12

Publicado 18 mayo 2019

Al igual que Evita, en ese histórico cabildo abierto de 1951, el día de hoy Cristina Fernández de Kirchner sorprende a propios y extraños postulándose como Vicepresidenta a la candidatura presidencial de su ex jefe de gabinete, Alberto Fernández.

Al igual que Evita, en ese histórico cabildo abierto de 1951, el día de hoy Cristina Fernández de Kirchner sorprende a propios y extraños postulándose como Vicepresidenta a la candidatura presidencial de su ex jefe de gabinete, Alberto Fernández. Su renunciamiento histórico a la tercera presidencia de la Nación es un hecho inusitado y de gran cintura política.

El orden de los Fernández no altera el producto dice un meme que circula a estas horas por las redes sociales.

Efectivamente, la persecución judicial inédita y el periodismo de guerra que sufriera la dos veces expresidenta no sólo caen en saco roto, sino que con esta decisión le permite seguir marcando la agenda y descolocar a todos los odiadores seriales devenidos en "periodistas" y aquellos que no sólo no tuvieron la honestidad ni la capacidad de hacer un gobierno racional, sino que además fueron torpes e inútiles en toda su gestión, marcada por la destrucción, y el saqueo del país.

Con la designación de Alberto Fernández pienso que Cristina repite las acciones de su esposo Néstor, ya que concibe como prioridad la unidad del peronismo, incluyendo la convocatoria hacia aquellos que hablaban de la ancha avenida del medio (caso Sergio Massa y su importante caudal electoral de casi un 12%).

En gran parte, el rearmado del kirchnerismo se debe a Alberto Fernández, quién no solo venía conversando desde hace tiempo con Cristina, sino que es el gran factor de atracción a distintos sectores que se integran en un nuevo frente, como los reconocidos Victoria Donda, Pino Solanas, Felipe Solá, el Movimiento Evita, que le dan votos y territorialidad al kirchnerismo puro. Se sabía que sin los votos de Cristina no era suficiente para sacar al macrismo, pero también es cierto que con Cristina sola no alcanzaba.

También lo sabía Alberto Fernández, abogado, un hombre de Estado, que durante la administración de Néstor Kirchner (2003/2007) fue parte de una estrategia que supo esquivar la confrontación con el oligopolio Clarín, cuando lo que urgía era resolver el empleo y la renegociación de la deuda.

Alberto fue acompañante de Néstor en su gestión, cuándo el país estaba en llamas, un hombre idóneo que se caracteriza por su buen y aplomado discurso, además de conciliar las diferencias entre los variopintos sectores del peronismo, sin duda la fuerza nacional y popular más importante de todos los argentinos.

En aras de un nuevo Contrato Social, tal como lo explicara Cristina en la presentación de su libro "Sinceramente", se impone terminar con la destrucción del orden social y económico por parte de Mauricio Macri y evitar el hambre urgente que no solo vino a desorganizar la vida de la gente, sino que hace que miles de ciudadanos duerman en la calle y se alimenten intermitentemente en comedores populares. Este gobierno endeudó por varias generaciones al país, y Argentina forma parte de los países más endeudados del planeta junto a Irak, Jamaica y Kenia.

El peor gobierno de la historia nacional no sólo deja 300.000 millones de deuda sino que tampoco la deuda contraída se ha visto reflejada en obras, subsidios, hospitales, escuelas, etc. Estamos en presencia de una monumental estafa, que va a exigir un serio y determinante ciclo de reconstrucción nacional.

Cristina Kirchner además de ir encabezando las preferencias electorales, ha sabido conjugar la militancia con la empatía hacia los sectores sensibles de ciudadanos consciente y de buena voluntad, así como también a los sectores más vulnerables. Para ello es urgente la creación de un gran Frente Amplio y Patriótico.

¿Polarización? ¿Grieta? Es factible, pero debemos afirmar que Argentina no soporta cuatro años más con estos tipos que a pesar de la inoculación del odio, su revanchismo, sus calumnias y mentiras sistemáticas, en ningún momento disimularon que llegaban a destruir y depredar la Nación.

Cristina es por su coherencia e inusitada capacidad intelectual, una extraordinaria estadista, y sin duda su renunciamiento histórico de hoy, es una estrategia que no sólo ayuda a la unidad, sino a la militancia patriótica que implica sacar de una vez y para siempre a los adversarios o ¿enemigos? que ocupan la Casa Rosada.


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