Triste papel de Torre Tagle

Cuando le preguntaron al canciller peruano Ricardo Luna Mendoza sobre el bochornoso hecho de prohibir a los funcionarios a su mando que asistieran a la embajada de Francia a la conmemoración del día nacional galo, él dijo: “Los gestos no se explican; se interpretan”. Pero cómo interpretar que no avise al propio Presidente de la República, quien terminó yendo sin saber del “gesto”, haciendo el papelón al dar un discurso sin ningún miembro de nuestro servicio diplomático presente.

Triste papel de Torre Tagle

Sin duda un desaire ridículo de uno de los diplomáticos más fujimoristas que tenemos en el Palacio de Torre Tagle (una casona construida durante la época virreinal del Perú que sirve de sede principal del Ministerio de Relaciones Exteriores).

No por nada fue embajador en Estados Unidos. Y este diplomático es el que organizó hace unos días la reunión de cancilleres para condenar a Venezuela. El mismo que en 1992 negó el secuestro de Gustavo Gorriti (uno de los delitos por los que hoy está preso Fujimori), diciendo que el periodista tenía delirio de persecución.

Pero como no achunta (acierta) una, y parece estar interesado solo en los halagos de Fuerza Popular, tuvo que expulsar al embajador de Venezuela, ya que la Declaración de Lima fue un fracaso.

Baste decir que fue suscrita tan solo por doce de los diecisiete gobiernos participantes (incluido el Perú) en medio de un contexto de huelga magisterial nacional que acaparó la atención de la opinión pública. Un revés, también, porque se bajaron del coche (intervencionista) dos gobiernos de los catorce que en la OEA exigían la aplicación de la Carta Democrática a Maduro sin mayor éxito. Justamente por ese fracaso se reunieron en Lima, pero les salió peor.

Si bien mucha gente de buena fe critica al gobierno venezolano por su papel en la crisis económica, política y social que vive ese país, es chocante hacerle el coro a la derecha regional que promueve un golpe con intervención militar extranjera, y no una salida dialogada a la polarización que tiene a Venezuela divida en dos mitades.

Peor aún es ver al canciller argentino hacerse el demócrata en Lima y, días después, ver a su gobierno manipulando groseramente la información electoral con la complicidad de la prensa concentrada de allá (Clarín y compañía), para no reconocer la victoria de Cristina Kirchner en las elecciones primarias al Senado por la provincia de Buenos Aires.

Con tal de arrebatarle a Cristina la victoria simbólica que significan esas primarias abiertas y obligatorias, el mismo Mauricio Macri salió a anunciar una victoria oficialista teniendo en mano solo los distritos donde ganaba su partido político. A las ocho de la noche del domingo último, el presidente argentino anunciaba la victoria de su candidato por siete puntos de diferencia, pero a las tres de la mañana esa brecha ya era mínima, faltando además el escrutinio de trescientos mil votos. Pero de Macri podemos esperar todo. Basta observar su reacción cuando explotó el escándalo de los Panama Papers que lo involucran directamente en la elusión tributaria de cientos de millones de dólares vía paraísos fiscales. A pesar de las pruebas contundentes, calló, luego mintió y hasta ahora sigue impune.

Ni qué decir del canciller brasileño que representa al gobierno más impopular del continente. El presidente Michel Temer, embarrado hasta el cuello por la corrupción, se ha librado del impeachment gracias a componendas políticas en el parlamento brasileño.

Lo que une a Macri y a Temer, además de los negocios truchos y la política pro Washington, es el desmontaje de toda la protección social lograda en sus países en la primera década del siglo. Además, la represión y la criminalización de la protesta social están en el orden del día en los dos países más grandes de América del Sur. Y ese par nos viene a dar lecciones de democracia.

Finalmente, un detalle que parece haber pasado desapercibido. Los doce firmantes de la Declaración de Lima señalan en el punto 14: “Que, teniendo en cuenta las condiciones actuales, solicitarán a la Presidencia Pro Tempore de la CELAC y a la Unión Europea, la postergación de la Cumbre CELAC-UE prevista para octubre de 2017”.

O sea: no solo apoyan la guerra civil que promueve esa facción de la ultra derecha venezolana que en las movilizaciones le prende fuego a los chavistas que encuentra en la calle, sino que quieren tirarse abajo al bloque regional CELAC, expresión latinoamericana y caribeña de soberanía, venezolanizando su agenda de cooperación con la Unión Europea.

Es que lo que tenemos enfrente no son demócratas. Como dice Juan Carlos Monedero: “es evidente que del lado de los que están buscando un golpe militar en Venezuela están los que siempre apoyaron los golpes militares en América Latina. O los que priman sus negocios por encima del respeto a la democracia”.


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Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
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