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Miguel Angel Ferrer
Miguel Angel Ferrer

Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.

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Los adversarios de López Obrador no escatiman temas ni recursos retóricos para sabotear el programa antineoliberal de la Cuarta Transformación encabezada por el tabasqueño. Entre esos temas está, desde luego, un particular feminismo claramente de derecha. Y también las expresiones más derechistas del ambientalismo. Y lo mismo, por supuesto, pasa con el indigenismo.

Epidemias y pandemias tienen, como todo en la vida, nacimiento, auge y desaparición. Y que ese proceso se ajusta a lo que en estadística se llama Campana de Gauss: una curva que asciende hasta un punto máximo para luego empezar a caer hasta finiquitar su ciclo.

En cosa de pocos meses estará vacunada la totalidad de la población mexicana. Pero ahora el conservadurismo dice, contra toda lógica y evidencia, que esa tarea será de imposible realización o que tardará muchos años.

Los costos materiales y financieros de una vacunación masiva están fuera del alcance de cualquier empresa privada. Y no sólo los costos económicos, sino también la logística y la necesaria voluntad de acometer la ingente tarea.  

En México y en el mundo hasta las personas menos instruidas y lúcidas comprenden que en el caso de contagio de una forma grave de covid-19 salvar la vida y recuperar la salud con atención médica y hospitalaria privadas sólo está al alcance de individuos muy adinerados.

Sin haber sido planificada, es decir, de manera absolutamente espontánea, hace unos días se hizo pública una encuesta de opinión en una de las redes sociales de mayor alcance y utilización sobre las simpatías populares del Presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador.

Salvo la derecha más irracional, mexicana y gringa, nadie puede censurar esas cinco medidas de Biden, con las que el gobierno de López Obrador coincide plena y expresamente. Y no sólo eso. En cuanto al combate a la pandemia y el retorno a las medidas de tipo keynesiano es claro que López Obrador empezó mucho antes.

En tierra azteca este proceso de rapiña llegó a su fin con el gobierno de López Obrador. Primero, y como a todos nos consta, cesaron las privatizaciones. Pero la siguiente tarea es revertir muchas de ellas, sobre todo las realizadas con métodos mafiosos.

Para llevar adelante la eliminación de ese régimen de privilegios el obradorismo cuenta con dos poderosas armas. Una, la mayoría en el Poder Legislativo; y dos, el respaldo de la inmensa mayoría ciudadana hacia la justiciera propuesta.

El conservadurismo mexicano sabe bien que no tiene ninguna posibilidad de recuperar Palacio Nacional en 2024. Y por lo pronto está trabajando ahí donde ve algunas posibilidades de mantener ciertas cuotas de poder político y, por lo tanto, presupuestales: Gobiernos estatales y municipalidades ricas e importantes.