12 abril 2018
Otro no de Trump a la guerra

Después de la arrolladora reconquista por el ejército de Bashar al Assad de los territorios sirios ocupados por las topas irregulares al servicio de los aparatos de inteligencia de Estados Unidos ha quedado claro que finalmente fracasó el proyecto imperialista que pretendía un cambio de régimen en Siria.

Otro no de Trump a la guerra

Pero parece que los Obama, los Clinton, los Bush y aquellos aparatos de inteligencia no se resignan a perder la presa. Y para evitarlo no se les ha ocurrido mejor idea que inventar (vieja práctica) un supuesto ataque de Al Assad con armas químicas sobre población civil indefensa.

El objetivo del burdo montaje es obligar al presidente estadounidense, Donald Trump, a embarcarse en una guerra perdida que aún así puede ofrecer saldos favorables para sus promotores. Uno de estos saldos prometidos consiste en aumentar el distanciamiento y la confrontación de EU con Rusia y, concretamente con el presidente Vladimir Putin.

Este aumento en el distanciamiento y confrontación con Putin sería otra vuelta de tuerca en el propósito de minar la presidencia de Trump con vistas a su eventual derrocamiento.

Hay indicios, sin embargo, de que Trump no está muy dispuesto a caer en la trampa. Y, fiel a su estilo, dice que sí pero no dice cuándo. Y pasa así en breves horas de los rugientes tambores de guerra al silencio sobre el tema. 
Y no hay duda de que esos sonoros tambores de guerra incrementan el cartel de macho de Trump entre su base social y electoral, meta permanente del accionar político doméstico del magnate.

Por lo demás, es claro que Trump comprende que el eventual lanzamiento contra Siria de una centena de misiles tomahawk no van a trocar la victoria de Al Assad en la derrota y derrocamiento de éste.

Hasta ahora a Trump le ha funcionado muy bien la estrategia de hablar mucho y hacer poco o nada. ¿No es el caso sirio una reedición de los casos de Irán, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, el TLCAN, el muro en la frontera con México, los aranceles al acero y al aluminio, la expulsión de diez millones de migrantes?

En el caso de Siria las cosas serían distintas, muy parecidas a Irak, Afganistán y Libia, si en la Casa Blanca estuviera la Clinton y si no hubiera renacido Rusia como potencia económica, política y militar bajo la conducción de Putin.

Fracasado el montaje del supuesto ataque con armas químicas, los enemigos domésticos de Trump tendrán que volver a los temas sexuales, a las relaciones con prostitutas, a la fantasiosa interferencia rusa en favor de Trump en las elecciones presidenciales de EU y a cualquier otro asunto interno con posibilidades de conseguir echar al magnate del Salón Oval.

Sólo que cualquier asunto doméstico no conlleva las fatídicas consecuencias de una guerra imperialista y neocolonial. Sacar de escena a Trump por faltas de orden interno no implicaría montañas de muertos ni ríos de sangre. Richard Nixon y Watergate serían el caso emblemático. Pero también, con sus matices, John F. Kennedy.

De modo que para echar a Trump sólo se ven tres posibilidades: un escándalo interno suficientemente gordo e impactante, el magnicidio o ganarle las próximas elecciones. Y ninguna se ve de fácil realización.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitidas en esta sección


Perfil del Bloguero
Economista y profesor de Economía Política. Fundador y director del Centro de Estudios de Economía y Política. Es columnista del diario El Sol de México, del catorcenario Siminforma, del diario Rumbo de México, entre otros medios. Analista político en distintos programas de radio.
Más artículos de este bloguero

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.