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Gerardo Australia
Gerardo Australia

Gerardo Australia es músico, compositor y divulgador de historia que publica regularmente en Milenio, Reforma, Jornada y en el Semanario.

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Edgar Allan Poe ha sido uno de los pocos poetas en la historia que se ha dado el lujo de dejar plantado al mismísimo presidente de Estados Unidos en turno, prefiriendo quedarse en la cantina que se le atravesó camino a su cita en la Casa Blanca (¡aplausos!).

Actor, compositor, cantante, escritor, poeta y loco enamorado de uno de los oficios más difíciles del mundo, hacer reír a la gente, Eulalio González Ramírez, El Piporro, hizo de su voz, el acordeón, el bajo sexto, la redoba, la ironía y el taconazo una filosofía de vida con la que traspasó muchas chulas fronteras.

Al final de la Independencia (1821) el país, como era de esperarse, se sumió en una tremenda confusión y preocupación propia de su situación, sobre todo al tratar de responder con toda seriedad esa pregunta de existencialismo kierkergaardiano profundo: ¿Y ora, tú?

No recuerdo el nombre de la película (mexicana), pero en ella el maloso de malolandia se robaba a caballo tendido a la muchacha de la hacienda, guapa ella, honesta, hija de buena familia, virginal e inocente, no para pedir un rescate millonario como hoy se acostumbra (secuestro), sino por su “harto enamoramiento” y para “hacerla suya” (título de propiedad no incluido) y así vivir felices para siempre.

Con su hermano mayor y un tío salió a los dieciséis años de su querido Japón. Tras meses de travesía llegó a Salina Cruz, Oaxaca, para trabajar en el campo. Oaxaca no le funcionó y decidió caminar durante tres meses por las vías de tren hasta Ciudad Juárez, Chihuahua, de donde quería saltar al otro lado. Sin embargo las cosas se complicaron y terminó de mil usos en un hospital, donde a puro buen ojo aprendió el oficio de menear el bisturí.

Para miles de nosotros en estos tiempos “pandas” la tiendita de la esquina sigue siendo la salvación. A diferencia de los oxos y sieteonces, en la tienda de la esquina te conocen, es de ambiente familiar –llevan generaciones atendiendo–, te dan servicio personalizado, si vives cerca te llevan las cosas, cuando mandas a tu hijo de seis años a comprar caguamas y cigarros sí se los venden y si andas corto de dinero te persignan con el “…ay luego me lo trae”.