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Ricardo Arturo Salgado Bonilla
Ricardo Arturo Salgado Bonilla

Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.

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El Estado que nunca fue y el paraestado que rige.
Simplemente, el accionar de los pueblos tiene dos componentes que afectan su historia permanentemente: su propio avance y acumulación de fuerzas, y las acciones del enemigo que son siempre encaminadas a ejercer destruir las primeras.
Sé que no es fácil transitar entre la teoría y la praxis, y que buscar moldes en los que quepa la realidad es una tarea estéril. Sin embargo, algunas lecciones de vida, bastan, a veces, para explicar lo que queremos decir y hacer.
Honduras se viste de rojo, por la sangre que derrama la dictadura; por el baño que sale de la ayuda militar de Washington al bipartidismo criminal hondureño, pero también por la bravura y dignidad de su pueblo, que se niega a seguir las direcciones de un liderazgo que lo lleve a rendirse.
Esos medios publicaron por meses encuestas falsas, que le daban a Juan Orlando Hernández ventajas de hasta 20 puntos, que pretendían posicionarlo como presidente antes del proceso. Estos mismos medios se alinearon con la campaña de terror varios días antes de las elecciones, dirigidos por JJ Rendón, Otto Reich, Robert Carmona y otros sicarios de opinión pública, para provocar el abstencionismo entre la población.
En síntesis, el proceso electoral hondureño, que tiene lugar en dos semanas, luce complejo y complicado.
La victoria de Alianza PAIS en el Ecuador, es una muestra de fuerza, especialmente por la derrota de los argumentos de fraude de la derecha.
El papel de la ideología en todo esto ha alcanzado efectos dramáticos; muchos trabajadores son seguidores fanáticos del culto al “libre mercado”, y, peor aún, miles de ellos no se sienten “pobres”.
Hasta ahora, la derecha venezolana, sigue actuando como apéndice de la agresión gringa, pero todavía no luce capaz de construir una base social real que la lleve a tener suficiente fuerza para concretar esta condición.
La dimensión de “Guerrillero del Tiempo” no le quedo mejor al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, que ahora, después de su partida física. Su voluntad de que no no erigieran monumentos ni se nombraran calles o plazas con su nombre, tiene un enorme valor político para la revolución cubana y para Latinoamérica. Si la moral inquebrantable de este gigante, y su compromiso marcaron la lucha de su vida, su paso a la eternidad lo da pensando como un combatiente que seguirá luchando por siempre.