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Ricardo Arturo Salgado Bonilla
Ricardo Arturo Salgado Bonilla

Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.

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En síntesis, el proceso electoral hondureño, que tiene lugar en dos semanas, luce complejo y complicado.
La victoria de Alianza PAIS en el Ecuador, es una muestra de fuerza, especialmente por la derrota de los argumentos de fraude de la derecha.
El papel de la ideología en todo esto ha alcanzado efectos dramáticos; muchos trabajadores son seguidores fanáticos del culto al “libre mercado”, y, peor aún, miles de ellos no se sienten “pobres”.
Hasta ahora, la derecha venezolana, sigue actuando como apéndice de la agresión gringa, pero todavía no luce capaz de construir una base social real que la lleve a tener suficiente fuerza para concretar esta condición.
La dimensión de “Guerrillero del Tiempo” no le quedo mejor al Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, que ahora, después de su partida física. Su voluntad de que no no erigieran monumentos ni se nombraran calles o plazas con su nombre, tiene un enorme valor político para la revolución cubana y para Latinoamérica. Si la moral inquebrantable de este gigante, y su compromiso marcaron la lucha de su vida, su paso a la eternidad lo da pensando como un combatiente que seguirá luchando por siempre.
La manipulación mediática es absoluta, y ahora, dirigida de forma segmentada, alcanza incluso a la población que resistió al Golpe de Estado Militar de 2009.
Sera fácil ubicar la imagen del Comandante en la zona épica, y contar cada una de sus epopeyas; pero es necesario entender al Fidel histórico; aquel en cada momento de su vida, y su comprensión excepcional de su entorno. La obra de aquel joven de casi 30 años que plantea una brillante defensa contra el aparato represor batistiano que nosotros conocemos como “La Historia me Absolverá”, que a la postre se convirtió en el programa político alrededor del cual la sociedad cubana allanó el camino victorioso de la revolución.
Cuando se suscribió el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y Mexico, a comienzos de los años noventa, en medio de la euforia provocada por el colapso político del bloque socialista, se inició un viaje cruel para los pueblos en la dirección de la miseria y la desigualdad.
Después de diez años de gobierno del FSLN, las cosas son diferentes. El pueblo nicaragüense ha podido cosechar los frutos que deja una estructura revolucionaria que funciona en un ambiente de paz, en el que se trabaja a diario para el desarrollo del país y la felicidad de la población. En un clima de seguridad excepcional, Nicaragua se encuentra hoy construyendo paradigmas hacia el futuro. No es extraño que la población se incline abrumadoramente por mantener la ruta sandinista.
No es de extrañar que para millones de latinoamericanos los exabruptos de Donald Trump contra nuestros migrantes, hayan inclinado la balanza a favor de Hillary Clinton, quien se ha dedicado a  amenazar, nada más y nada menos, la paz mundial.