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El presidente peruano Martin Vizcarra confirmó que su país será la sede de la Cumbre tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczinsky.

El presidente peruano Martin Vizcarra confirmó que su país será la sede de la Cumbre tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczinsky. | Foto: Reuters

Publicado 9 abril 2018
La mitad de los presidentes que van a participar en la VIII Cumbre de las Américas, a celebrarse el 13 y 14 de abril en Lima (Perú), están acusados de corrupción.

En pocos días más (13-14 de abril), con dos agendas distintas, 35 países de las Américas (sic), celebrarán en Lima su octava reunión cumbre (CA). La una será la oficial, pero de a mentiritas: Gobernabilidad democrática frente a la corrupción. Y la otra se la cuento más adelante. Quedémonos, por ahora, con la de a mentiritas.

Sin contar al de Estados Unidos y jefes de gobierno de Canadá y los países del Caribe anglófono y francófono, 20 presidentes de nuestra América (incluido el francoparlante de Haití) estarán en Perú. Seis van de salida: Luis Guillermo Solís (Costa Rica), Juan Manuel Santos (Colombia), Horacio Cartes (Paraguay), Michel Temer (Brasil), Raúl Castro (Cuba) y Enrique Peña Nieto (México). Y siete asisten por primera vez al aquelarre: Jimmy Morales (Guatemala), Lenín Moreno (Ecuador), Martín Vizcarra (Perú), Jovenel Moise (Haití), Mauricio Macri (Argentina), Temer y el hondureño Juan Orlando Hernández.

La mitad de los que ejercen el cargo han sido acusados de corrupción. Pero el único que lo admitió fue Pedro Pablo Kuczinsky (PPK), quien acaba de renunciar a la presidencia del país anfitrión de la CA. Le siguen Macri, Temer, Cartes, J. Morales, Hernández, Daniel Ortega, Juan Carlos Varela (Panamá) y Danilo Medina (Dominicana), presidente del país con mayor cantidad de sobornos y menor acción judicial. Y Peña Nieto, a quien 270 ediciones semanales de la revista Proceso, y mil 900 diarias de La Jornada des­de que asumió en diciembre de 2012, no trataron con cariño.

Ahora bien. Visto y considerando que los neoliberales odian la historia, resulta interesante observar que de 1994 a la fecha, 28 de los 84 presidentes que pasaron por las CA gozan de impunidad, más ocho que recibieron leves penas de prisión y arresto domiciliario, más cinco que están presos, más tres que esperan sentencia en tribunales de Estados Unidos, más dos que andan prófugos, y el que regresó a su país luego de proscribir su causa.

Desglosando: en ejercicio del cargo (o tras haberlo ejercido, con o sin causas abiertas por la justicia), tenemos:

De México: Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y el citado Peña Nieto; de Argentina: Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Mauricio Macri; de Paraguay: Juan Carlos Wasmosy, Raúl Cubas, Luis Ángel González Macchi y Horacio Cartes; de Perú: Alan García y Alberto Fujimori (indultado por PPK); de Colombia: Andrés Pastrana y Álvaro Uribe; de Honduras: Roberto Micheletti, Porfirio Lobo y el pícaro Hernández, quien acaba de asumir en comicios fraudulentos.

Suma y sigue: Mireya Moscoso, Ernesto Balladares y Juan Carlos Varela, de Panamá, más el salvadoreño Francisco Flores, el brasileño Michel Temer, el nicaragüense Daniel Ortega, el guatemalteco Jimmy Morales y el dominicano Danilo Medina.

De los que pasaron una temporada en prisión (con penas leves o arresto domiciliario) tenemos al citado Fujimori y el guatemalteco Alfonso Portillo (extraditado a Estados Unidos en 2010 por lavado de dinero); los costarricenses Rafael Ángel Calderón, Miguel Ángel Rodríguez y Abel Pacheco; los nicaragüenses Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, y el haitiano Joceleme Privert (por genocidio).

Guardan prisión el salvadoreño Elías Saca, el peruano Ollanta Humala y los guatemaltecos Álvaro Colom y Otto René Molina (junto con la que fue su vicepresidenta, Roxana Baldetti).

Prófugos de la justicia y con orden de captura girada a Interpol: Jamil Mahuad (Ecuador) y Alejandro Toledo (Perú). Y el ecuatoriano Abdalá Bucaram, quien regresó legalmente a su país en 2017 después de 20 años de proscripción.

En tribunales de Estados Unidos: el panameño Ricardo Martinelli (encarcelado en Miami a pedido de la justicia de su país que lo acusa de espionaje y corrupción); el boliviano Gonzalo Sánchez de Losada (juzgado en Fort Lauderdale, por la matanza de civiles en septiembre de 2003) y el hondureño Rafael Leonardo Callejas (extraditado en 2015 a raíz del sonado caso FIFA-gate).

Nota para Ripley: en 2004, durante la 34 Asamblea de la OEA, el costarricense Miguel Ángel Rodríguez fue nombrado (por aclamación) secretario general del organismo internacional. Pero una semana después, lo metieron preso en su país por corrupción.

Entonces, en sustitución de Rodríguez, Washington propuso de candidato al salvadoreño Francisco Flores. Iniciativa que se cayó después que la justicia descubrió que Flores había desviado 34 millones de dólares de instituciones estatales, a cuentas particulares y de empresas privadas. ¿Y cuál era el tema central de la 34 asamblea? Adivinó: La lucha contra la ­corrupción.

Resumiendo: desde la primera reunión de las CA, 47 de los 84 presidentes de a sombrero (o sea, 56 por ciento de los descritos en el primer artículo de esta serie) estuvieron lejos de responder al mandato de sus pueblos. Pero bueno: como dirían Mario Vargas Llosa, el terrorista cubano Carlos Alberto Montaner, Andrés Oppenheimer y los chicos inteligentes de Letras Libres, Nexos y el Grupo Milenio, lo peligroso es el populismo.

Por consiguiente, resta hablar de la verdadera agenda de la Cumbre de Lima: Como seguir jodiendo a Venezuela. No vaya a ser que el tema central de la agenda oficial se confunda con esas discusiones de las mafias, cuando andan preocupadas por el creciente desprestigio de la prostitución.


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