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Germán Gorraiz López
Germán Gorraiz López

Analista económico y geopolítico, colabora habitualmente en varias publicaciones digitales e impresas españolas y latinoamericanas.

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El desgaste sufrido por el presidente estadounidense Joe Biden tras el fiasco de Afganistán, una inflación desbocada y la posible entrada en recesión de la economía habrían hundido su popularidad y ello podría desembocar en el triunfo republicano en las elecciones intermedias del 2022 y luego en las presidenciales del 2024. Pero Biden guardaría un as en su manga y podría servirse de un inicial ataque sorpresa de Israel a Irán para iniciar una nueva guerra en Oriente Medio con el doble objetivo de secar las fuentes energéticas de China y de incrementar su popularidad.

La economía española se ha basado en el último decenio en la conocida “dieta mediterránea”, fórmula que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado, pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa.

La miopía geopolítica del presidente estadounidense Joe Biden en su obsesión por someter a Rusia podría incrementar el enconamiento con ese país y desembocar en la entrada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en el conflicto ucraniano, aunado con el estallido de un nuevo conflicto en los Balcanes entre Serbia y Kosovo, que sería un nuevo episodio en el contexto de Guerra Fría 2.0 entre Washington y Moscú.

El desgaste sufrido por Biden tras el fiasco de Afganistán, una inflación desbocada y la entrada en recesión de la economía podría desembocar en el triunfo republicano en las elecciones intermedias del 2022 que anticiparían un retorno triunfal de Trump en las Presidenciales del 2024 por lo que Joe Biden necesitaría perentoriamente una guerra para recuperar sus índices de popularidad y ser reelegido Presidente en el 2024.

La hipotética salida de Alemania del euro supondría el principio del finiquito de la Eurozona y la gestación de una nueva cartografía económica europea, que supondrá el retorno a los compartimentos económicos estancos y el triunfo de Estados Unidos (EE.UU.) al conseguir la balcanización de Europa.

Los indicios de senilidad del presidente estadounidense Joe Biden, el fiasco de ese país en Afganistán y la falta de acuerdos parlamentarios para aprobar su programa de New Deal con inversiones valoradas en billones de dólares, aunado con una inflación desbocada y la posible entrada en recesión de la economía el año venidero, podría desembocar en el triunfo republicano en las elecciones intermedias del 2022, que anticiparían un retorno triunfal de Donald Trump en las presidenciales del 2024.

Joe Biden habría cedido a las presiones de la AIPAC y en una declaración conjunta con el Primer Ministro en funciones israelí Yair Lapid en el marco de su actual visita a Israel, ha prometido que “EEUU usará todos los elementos de su poder nacional para evitar que Irán obtenga un arma nuclear”, pues la sui generis democracia estadounidense Estados Unidos tendría como pilar de su sistema político la sucesiva alternancia en el Poder del Partido Demócrata y del Republicano (ambos fagocitados por el lobby judío), siendo Joe Biden el nuevo tapado de la AIPAC. Así, la sorpresiva victoria de Donald Trump ante Hillary Clinton representó para Israel “perder una valiosa amiga para ganar un amigo mejor”, Donald Trump, quien instauró el puzzle inconexo de un caos que finalizó con la victoria del candidato demócrata Joe Biden, quien en 2007 afirmó: “yo soy un sionista. No se necesita ser judío para ser un sionista”.

El agravamiento de la pandemia sanitaria motivada por la existencia de importantes segmentos de población sin vacunar y la carestía de la vida estaría agudizando la fractura social estadounidense que estaría ya conformada por 2 mitades cuasi simétricas e irreconciliables y de lo que sería paradigma el Estado de Texas, devenido en altavoz del White Power.

La propaganda del establishment será dirigida no al sujeto individual sino al Grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustentan.

Para alimentar a la población mundial, (que llegará a 9.000 millones de personas en el 2050), se necesitará un incremento de 70% de la producción global de alimentos en los próximos 40 años.