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El día después en Venezuela

| Foto: EFE

Publicado 26 septiembre 2018

El Bloque de poder contrainsurgente (BPCi) dominante en Colombia, construyó su aplastante y hegemónico “relato ideológico dominante” sobre la unión de dos palabras acuñadas como monedas falsas por Lewis Tambs -el entonces embajador del gobierno Reagan en Colombia (1983-1985) y después redactor y promotor del famoso documento Santafé IV en 1.997: A medidos de los  80-, “narco terrorismo” para designar las guerrillas marxistas o comunistas, y a partir del documento Santafé IV, “castro chavismo” para designar la concepción del mundo que movía sus conciencias rebeldes

Años y años de moler esos dos términos por todos los apéndices del aparato de terror y coerción contrainsurgente, en especial el creciente y poderoso aparato mediático, junto con los demás aparatos de hegemonía o instituciones, como el bipartidismo liberal conservador, la burocracia clientelista y el obispado reaccionario (López Trujillo, Castrillón, Rubiano, Ordoñez, etc) y sin tener replica o contrario ideológico serio, apabulló casi por completo la conciencia del pueblo trabajador (ojo con estas dos dimensiones) explotado y oprimido.

La moneda ideológica falsa se volvió un “fetiche” real con valor de cambio universal, se generalizó como ideología dominante oficial y se encarnó en la practica cotidiana de los colombianos. Primero los insurgentes eran el “fetiche diabólico” narco terrorista y castro chavista. Luego la llamada “izquierda legal" y, finalmente, todo aquel que discrepara del discurso ideológico “oficial”. No veo la necesidad de volver a citar el verso del pastor antifascista Niemöller y del poeta comunista Bertold Brecht: Primero vinieron por...

El resultado fue que el combate interno (armado e ideológico) contra el demonio narco terrorista y castro chavista colombiano, desbordó las fronteras y llegó a la Venezuela bolivariana, para declararla enemigo público número uno de la “democracia más antigua de Latinoamérica, Colombia”, en donde, desde el mismo momento del triunfo electoral del comandante Chávez en 1999, le pronosticaron su caída, su reemplazo, un gobierno de transición: El día después

No me es posible hacer un recuento de tantos años de acciones hostiles acumulativas, emprendidas durante los gobiernos de “los dos octenios” (Uribe Vélez y su continuador, Juan Manuel Santos) contra el llamado castro chavismo venezolano; basta con recordar el papel de formación ideológica sobre la generación actualmente gobernante en Colombia (por ejemplo sobre el comisionado de paz actual Miguel Ceballos en la Universidad Sergio Arboleda)  que ha jugado el golpista Carmona Estanga; quien después de la derrota de su “putsch” fascista de 2002 y de haber obtenido “inmediato” asilo político en Bogotá, se integró a la universidad Sergio Arboleda como profesor en la facultad de Comunicación Social, catedrático de derecho y director de maestrías de la misma; rector de la Universidad Libre de Pereira y decano de la facultad de Derecho de la Universidad San Martín.

O mencionar la ideología del cinismo de “eriberto de la calle” como llamaba el inolvidable Jaime Garzón a ese trasnochado existencialista, cascarrabias y amargado manizalita, quien en su última columna de opinión en el diario El Espectador, llamando a la unidad de clase, describe la realidad real de la manera siguiente: “¿Para qué seguir con el cuento de que el castrochavista de Santos es un aliado de ese Gobierno? El acercamiento a Venezuela fue una movida exclusivamente táctica, no ideológica. Teníamos la evidencia de que Chávez era una condición sine qua non para sentar a la guerrilla en la mesa. Y luego, con maña, fuimos logrando destetar a las Farc hasta el momento en que tuvieron claro que la negociación era con Colombia.

O mencionar la codicia insaciable por los recursos venezolanos de ese mascarón de proa pastranista, Mauricio Cárdenas, ministro de Hacienda de la gobernanza santista, quien convencido de la inmediata caída del gobierno venezolano, desde fines de 2017, aumentó en un 10 por ciento el presupuesto de la nación para las fuerzas militares en 31, 5 billones de peso col (unos 10.700 millones de dólares); mientras que en paralelo empezó a trabajar un “plan económico y de salvamento financiero (obviamente para el día después) por la increíble suma de  60 mil millones de dólares, y que involucraría al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo”. El cual presentó a las autoridades del FMI en Washington el 19 abril del 2018

Una asqueante y mañosa doble moral oligárquica y una tal acumulación de contradicciones y hostilidades, finalmente afloraron a la luz con la amenaza inminente de finalización a los tiros (sea por un golpe militar o una agresión fulminante) del cerco político, económico, diplomático y militar que el gobierno colombiano/OTAN/EE.UU., durante años, han tendido pacientemente contra el Gobierno venezolano con el fin de reemplazarlo y saquear sus recursos mediante un Gobierno de “transición”.

Duque, la pobre veleta con rostro humano que funge de actual presidente de Colombia, con esa herencia explosiva que le dejaron sus antecesores en el bolsillo de su chaqueta, lo único que ha podido hacer para calmar la jauría militarista que está contenida por el collar esperando lanzarse sobre los recursos venezolanos para saquearlos, es tirarse en los brazos de Trump y entregar la suerte tanto del pueblo colombiano como la del venezolano, al arbitrio y los intereses de semejante gobernante. Con lo cual la contradicción antagónica y el eje estratégico del llamado conflicto colombiano, finalmente se ha desplazado a lo que pueda suceder con Venezuela.

Así las cosas, surge una pregunta que recuerda la división de la social democracia internacional con los bolcheviques antes de la primera guerra mundial: ¿Quién en la llamada izquierda colombiana apoyará con palabras y obras al pueblo trabajador bolivariano de Venezuela, en la fase que se le ha abierto y está pendiente de solución?.


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