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Alfredo Serrano
Alfredo Serrano

Es Doctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con PosDoctorado en Economía en Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor Universitario Posgrado en FLACSO (Ecuador), Universidad Andina y UMSA (Bolivia), Universidad Hermosillo y UNAM (México), Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), Universidad Santa Marta (Colombia).

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A la Revolución Bolivariana le gusta votar. Se vuelve a demostrar que su camino transita obligatoriamente por la vía electoral. Es condición necesaria aunque no suficiente. La democracia para el chavismo es mucho más que el acto de votar.
El país caribeño está perfectamente ubicado en el nuevo mapa mundi. Y la mejor demostración ha sido la reciente gira del Presidente Nicolás Maduro.
El verdadero desafío está en el bloque progresista que renuncia a las políticas neoliberales de finales del siglo pasado. No acepta recortes sociales ni políticas laborales que incrementen el desempleo ni bajen los salarios.
Temer sigue siendo presidente de Brasil sin un voto en las urnas. Macri, el de los Panamá Papers, tiene a Milagro Salas en una cárcel argentina como presa política. Santos está involucrado en el escándalo de Odebrecht porque habría recibido un millón de dólares para su campaña presidencial en Colombia en 2014. Sin embargo, nada de esto importa. El único país que llama la atención es Venezuela.
Yo no comparto las reglas de la representación electoral en España y, sin embargo, ejerzo mi derecho a votar. De ninguna manera se me habría ocurrido hablar de fraude ni de dictadura a pesar de que la proporcionalidad electoral no exista. Cada voto en España, según el lugar donde votes, vale diferente. Pero esto no quiere decir que España tenga un régimen totalitario. La democracia está vigente desde hace décadas, aunque podamos cuestionar la matemática electoral.
Siempre igual. Después de un periodo de tormenta, se reordenan las piezas en el tablero global. Así ha sucedido en repetidas ocasiones a lo largo de la Historia. En 1870, ante una crisis de sobreproducción del capitalismo central, la región latinoamericana quedó reinsertada de otra forma en la economía mundial; además de seguir proveyendo materias primas, debía servir a partir de entonces como zona consumidora.
Una economía enferma y sin gente. Este es el gran logro de los últimos gobiernos de Colombia gracias a las decisiones económicas que se tomaron. Santos, Uribe, Pastrana y un largo etcétera de presidentes que hicieron siempre lo mismo en contra de la vida de los ciudadanos. La política económica fue tan injusta como ineficaz.

América Latina aprovechó el ciclo expansivo del precio de los commodities a favor de la inversión social. Esto no sucedió con todos los países de la región, pero sí con aquellos que consideraron que acabar con la deuda social heredada era un objetivo prioritario.

Los errores que haya podido cometer el gobierno o las discrepancias que muchos puedan tener con tal o cual decisión no pueden servir como excusas para que estas acciones violentas se impongan como praxis diaria. 
Macri ha defraudado a la ciudadanía argentina. Y lo ha demostrado en un escaso lapso de tiempo. Sólo ha necesitado algo más de un año y medio para incumplir todo lo que había prometido. Si existiesen los contratos electorales, el de Macri ya hubiese sido rescindido por infracción múltiple.