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    A Piedad Córdoba le tocaron todas las adversidades juntas, pero nunca renunció a la paz desde la búsqueda de una salida negociada al conflicto, cuando esta idea era lejana y rechazada por los halcones de la guerra.

El deceso repentino de Piedad Córdoba causó conmoción, a pesar de que su vida fue una afrenta al riesgo de vivir con convicciones.

“La muerte no debe de ser penosa para los que han vivido bien, ni para los que le conocían bien de cerca las virtudes. Morir es seguir viaje”. José Martí.

Un hilo coherente de la reivindicación de los más humildes, acaba de soltarse en Colombia. Quizá no tarde en visualizarse otra mujer que lo sostenga con firmeza, aunque la figura irrepetible de una lideresa, se define en la historia por lo que es capaz de inspirar y ahí está la diferencia. El impacto de su personalidad, ejemplo de resiliencia y el estímulo a la perseverancia, es algo difícil de ignorar cuando recuerdan a Piedad Córdoba.

Su deceso repentino causó conmoción, a pesar de que su vida fue una afrenta al riesgo de vivir con convicciones. Así fue como por estos días, su pueblo y múltiples personalidades, resaltaron la trayectoria de tan relevante figura en la política del país suramericano.

Gustavo Petro, actual presidente de Colombia desde el 7 de agosto de 2022, escribió acerca de ella: “Piedad Córdoba fue una mujer golpeada por un época y una sociedad. Luchó toda su vida madura por una sociedad más democrática. Su cuerpo y su mente no resistieron la presión de una sociedad anacrónica, que aplaudía los ajustamientos de jóvenes, que odiaba el diálogo y la paz, que odiaba a los negros, a los indígenas y a los pobres, que la trataba como una criminal”.

Nacida en Medellín, Antioquia, el 25 de enero de 1955, creció en un contexto de expansión de la élite dominante, basada en su poder sobre la tierra y una clase obrera en lucha en el sector industrial. La acumulación de gran parte del capital y la creación del mercado interno, la era del café, el comercio y empresarios de la minería. Pero lo insólito, lo injusto e inadmisible, sigue estando en la otra cara de este panorama de pobreza y exclusión. A ello se sumaron décadas de conflicto armado, el incremento de la desigualdad social y la concentración de la propiedad, la riqueza y el poder.

El despertar de la conciencia de la joven Córdoba, frente a las necesidades imperiosas de justicia social, propició que desde la adolescencia iniciara su trabajo reivindicativo vinculado al Partido Liberal, propósito que continuó hasta el fin de sus días, con la convicción de la necesidad del cambio en una nación atada a un conservadurismo lacerante. También comprendió que una la sociedad neocolonialista, baldada por la violencia política y manejada por el capital financiero, no hay oportunidades para los sectores populares, los negros, ni los indígenas.

La conocida abogada y política colombiana, graduada en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, obtuvo títulos de Especialista en Derecho Laboral y Desarrollo Organizacional en la misma universidad, y se hizo Especialista en Opinión Pública y Mercadeo, en la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá).

 

Su insistencia fue la paz, como base de todo privilegio de vida que garantice los derechos de los colombianos a la salud, la educación, a la libertad; contra todas las discriminaciones y los prejuicios, que en lo personal, nunca permitió la arrinconaran.

Expuso sus ideas con firmeza en la defensa de su carácter progresista, por lo que entre 1984 y 1986, ocupó su primer cargo público como subcontralora municipal de Medellín. Para Piedad, las circunstancias nunca fueron llevaderas. Corrió todos los riesgos que entraña el desacuerdo y defendió sus ideas contrarias a los que controlaron el poder, muchos de ellos, cómplices del entramado clasista, fascista, corrupto y violento.

Al respecto, comentó. “Puedo ser guía en el infierno. Con esa frase no me refiero a mi vida personal, porque tengo una familia que quiero y me quiere mucho, madre, hermanos, hijos. Con esa frase me refiero a mi postura política. Sí, ha sido muy difícil y duro, también de mucho maltrato. Mi postura política me llevó a asilarme, estuve a punto de ser asesinada. He tenido que salir injustamente dos veces del Congreso, pero fuera de eso, es el maltrato tan brutal al que he sido sometida y eso nada más, me da esa categoría: guía para el infierno; dijo a la periodista Arleen Rodríguez Derivet.

Asimismo la más activa congresista de un país sin paz, logró con su gestión lo que no pudo ningún presidente de Colombia, sin que hubiera muerte por medio y recibió una sanción de 18 años apartada de la actividad política. Sobre ello, dijo Piedad que la política no se hace solamente en el Congreso de la República, sino estando cerca de la gente. Habló del riesgo que entraña haber asumido el compromiso de un diálogo por la paz, en una nación con unos veinte millones de pobres, ocho millones de indigentes, cinco millones de refugiados internos, casi setenta mil desaparecidos; según cifras oficiales de una década atrás.

Porque Colombia es uno de los países más desiguales del mundo. Hoy las inequidades de riqueza son todavía más pronunciadas, que las desigualdades de ingreso. Algo manifiesto a nivel global, porque la mitad más pobre posee sólo el 2% del total, versus el 10% más rico de la población completa que posee el 76% de toda la riqueza.

La triste realidad en Colombia no la hizo detenerse, con la convicción de poder cambiarla. Conoció el informe estadístico de la DANE, que en el 2023 declaró la proporción de un 36, 6 % de colombianos en la indigencia, con un aumento en la pobreza extrema monetaria, en un país en el que cerca del 60 % del mercado laboral es informal.

“Colombia tiene una de las tasas de persistencia de desigualdad más altas, entre una generación y la siguiente”, refiere un informe del Banco Mundial. Quiere decir, que sus condiciones sociales pasan de una generación a otra e impactan en los niveles de desigualdad de sus hijos.

Traducido al ámbito educativo, de un total de 146 países del orbe, Colombia ocupa el puesto 122 en la persistencia de la educación a lo largo de generaciones, y figura en un lugar igualmente bajo en movilidad educativa.

Bien lo supo Piedad Córdoba, quien hasta el último aliento defendió la necesidad de atención al Chocó, donde un niño tiene cinco veces más posibilidades de nacer en la pobreza, que uno nacido en la capital, Bogotá.

A la sazón presentó un documento ante varios ministerios, con una larga lista de proyectos pensados para la región más pobre de Colombia, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística. El texto propone la unión entre el Plan de Desarrollo del Gobierno nacional y el programa de Gobierno de Nubia Córdoba Curí, gobernadora de Chocó, departamento ubicado en la esquina nor-occidental de Colombia. El proyecto fue denominado “Desarrollo de las políticas públicas en proyectos innovadores, con sus respectivos vehículos de financiamiento para el avance de los territorios”. Sin saberlo, fue su última “esperanza como Senadora y política, profundamente comprometida”, expuesta el 15 de enero en su cuenta de X.

La perseverancia hizo que no se rindiera. Del medio siglo que dedicó a las luchas sociales, Piedad fue apartada casi dos décadas de la actividad política, ante lo cual meditó en voz alta: "Decirlo suena muy maluco. Es un castigo que asumo con muchísima tranquilidad, porque no estaba haciendo política por intereses propios o personales. Si fuese así, pensaría que es un país de desagradecidos. Pero no es así, es muy distinto lo que piensa el pueblo”, comentó.

“Soy muy incómoda para las élites económicas del país", enfatizó ante la televisión cubana en 2012. “Lo que me pasó, constitucionalmente no es legal, no es válido; política y socialmente no es legítimo. Mis intereses son otros, entonces el hecho de que me inhabiliten no significa que política y socialmente sea así. Eso hace parte de las cosas que le han pasado a muchas personas. Hasta hoy estoy con vida, y eso me congracia con la gente con la que trabajo y con mis principios, mi ética. Yo recuperaré la posibilidad de hacer política dentro de la vida jurídica de Colombia (...) convencida de que en mi corazón cabe un país que amo profundamente. No solamente por mis hijos, sino por mi pueblo mismo”.

Quienes tienen el poder -dijo- opinan arbitrariamente que pueden negarle la paz a Colombia, porque creen que la guerra es válida, cuando es realmente la derrota de la política. No renuncio a continuar la tarea colectiva, con el diálogo y el respeto, lograr la liberación de todos. No es un obstáculo y no lo puede ser, para que el pueblo logre el país que quiere. El país tiene que ser construido por el pueblo.

En su carrera política logró primero la elección popular como edil y después fue elegida concejala de Medellín para un periodo de dos años. Luego la Cámara de Representantes en 1990, donde es derrotada. Unos meses después consiguió un escaño para la Asamblea departamental de Antioquia.

Cada adversidad, la convirtió en fortaleza con su empeño. Fue en 1991, cuando la Asamblea Constituyente decretó, como ‘un castigo’, la revocatoria del mandato de los congresistas recién elegidos. Un resultado predecible de la vieja política.

Después, Piedad se presentó como candidata a la Cámara y consiguió un escaño por su departamento para 1992-1994. Sin descanso, confiada de su propia dignidad, por primera vez fue electa (1994-1998) como senadora de la República, consolidado en 1998.

Es en este periodo legislativo cuando enfatiza en el debate sobre la reivindicación de minorías étnicas, impulsó la llamada ‘Ley de Negritudes’ y también la que le dio mayor reconocimiento a las madres comunitarias. Igualmente ella representó a su organización política y al país en importantes foros mundiales, como la Conferencia de la Mujer, realizada en Pekín, China, en 1995.

 

Defendió proyectos por la equidad de género, la reivindicación de minorías étnicas y la búsqueda de soluciones negociadas del conflicto armado. Incluso llegó a ser secuestrada y luego de varias semanas, liberada del cautiverio. Esta situación la obligó a exiliarse con su familia, para retornar a su país y a su propósito, a través del trabajo político que ni los atentados contra su persona lograron detener.

Los conflictos regionales internos no le permitieron realizar su campaña para las elecciones del 2002, en zonas en las que tradicionalmente hubiera obtenido los votos necesarios, aunque logró una votación destacada por primera vez en Bogotá y alcanzó renovar el escaño.

Durante este período específico del 2003, el entonces ministro de Interior y Justicia, Fernando Londoño Hoyos causó fuertes debates por corrupción, impugnado por parlamentarios de la oposición como Piedad Córdoba. Una vez más, con entereza, Córdoba denunció los desmanes de la politiquería y sus secuaces. Después fue electa codirectora y luego presidenta de  la Dirección Nacional del Partido Liberal.

Cuando ya no le convenía a nadie, en 2004 la Procuraduría destituyó del cargo de ministro del Interior y Justicia a Fernando Londoño Hoyos, al frente de esa cartera en los primeros 15 meses del gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez. El fallo dijo que irrespetó decisiones judiciales y abusó de su cargo, por lo que fue inhabilitado para ocupar responsabilidades públicas por espacio de 12 años, una de las más altas sanciones impuestas a un funcionario de ese nivel en la administración nacional.

Fue en 2005 que el Consejo de Estado modificó el resultado de las elecciones de 2002, en alusión a denuncias por fraude electoral, por lo que anuló algunas mesas de votación en los departamentos de Valle del Cauca y Atlántico y dejó fuera a Piedad Córdoba. En ese tramo de su vida, fundó el movimiento Poder Ciudadano adscrito al Partido Liberal.

Córdoba fue senadora de la República durante cuatro períodos, titular de su curul para el ciclo 2022-2026, por lo que fungió como tal hasta el final de sus días. El legado legislativo de Piedad Córdoba está inscrito en la Constitución de 1991, desde donde ayudó a conformar, con enfoque ético-racial y representación de las mujeres afrocolombianas, un Estado democrático. Impulsó proyectos en beneficio de la participación de las mujeres que encabezan sus hogares, partiendo de la comisión séptima del Senado que trata asuntos laborales y de protección social a favor de la comunidad LGBT y en contra de la violencia intrafamiliar y la corrupción.

Integró Comisiones Tercera de Asuntos económicos, Quinta de Minas y Energía y Segunda de Relaciones Exteriores. Fue delegada ante el Parlamento Latinoamericano. Miembro y Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Senado y de la Comisión de Paz.

En el 2007 consiguió materializar un acuerdo humanitario, esfuerzo en el que nunca claudicó a favor de una solución política al conflicto armado interno. Intervino como mediadora del gobierno, para lograr la liberación de secuestrados por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo. Continuó trabajando en 2009, junto al grupo Colombianos por la paz, conformado por líderes de la sociedad civil, académicos y dirigentes políticos, entre otros que abogan por una paz negociada.

Algo no tan conocido, fue su labor como “Senadora Virtual”, por su labor política utilizando Internet. En esta gestión fue considerada precursora, lo que le hizo merecer premios internacionales a la de mejor página de política en América Latina del 2005, por e-lecciones.net, su página web http://www.piedadcordoba.net.

Y no es ocioso pensar como “de casta le viene al galgo”. Piedad comenzó a entender la realidad colombiana por la herencia de sus propios padres y tío.

Hija de la antioqueña Lía Ruiz, profesora y directora en escuelas de primaria del municipio de Copacabana, Antioquia; y en los barrios El Poblado, La Floresta y Belencito de Medellín, así como en la institución Santa Lucía, donde trabajó 18 años. Su madre también fue una mujer adelantada, en un tiempo en que las esposas permanecían en el perímetro de la casa. Enfrentó a la sociedad por casarse con el negro chocoano Zabulón Córdoba, maestro y director de la escuela de Puerto Valdivia, que dedicó su vida a la docencia, realizó un posgrado en Ciencias Económicas en la Universidad de los Andes y llegó a ser primero profesor, luego decano de la Facultad de Sociología de la Universidad Bolivariana de Medellín.

Cierta vez, contó Piedad: “Mi papá es negro, mi mamá parecía alemana. Nosotros vivíamos en un barrio donde todo el mundo nos señalaba porque éramos los únicos negros. Llegaban mis primas del Chocó. Esas no eran negras, eran azules, y entonces la gente nos tocaba la puerta. Nos decían: ‘Espanta la Virgen, negro ni mi teléfono, negro no sé qué’. Nos jodían mucho. Una vez llegué llorando de la escuela, porque una muchacha me había jalado las trenzas y me había roto el vestido, diciéndome negra. Mi mamá nos reunió a todos y nos dijo: ‘El que vuelva a llorar o a quejarse porque le dicen negra, lo ajusto’. Entonces, ¿quién iba a volver a llorar porque le dijeran negro?”.

Al nacimiento del padre en Neguá, un barrio humilde de las orillas del navegable río Atrato, el 90% de la población en Chocó era negra. De ese hogar también salió su tío, el principal ejemplo de lucha. Diego Luis Córdoba, fue primer negro senador de Colombia.

El llamado “adalid de los afrodescendientes” se declaró socialista y seguidor de Jorge Eliecer Gaitán. Tempranamente fue expulsado de la Universidad, por ser líder de un paro estudiantil que exigía calidad de la enseñanza y que se garantizara la libertad de cátedra, de pensamiento y de expresión. Perfilando su vocación política, asistió a la Convención Nacional Liberal de 1929.

Diego Luis Córdoba fue el primer abogado nacido en Chocó, con especialización en ciencias económicas de la Universidad Nacional de Bogotá. Al regresar a Quibdó, se especializó en derecho laboral y se desempeñó como diputado ante la asamblea de Chocó, juez municipal de Istmina y concejal de los municipios de Condoto, Pizarro, Bagadó, Istmina, Riosucio y Nóvita. Una vida dedicada a que se garantizaran los derechos de los afrodescendientes, los indígenas, los campesinos, los trabajadores y las mujeres. Consiguió la votación más alta del Chocó, como representante independiente por Antioquia. Ocupó una curul en el Congreso, desde donde promovió leyes a favor de los colombianos más humildes. Fue el primer senador por el departamento de Chocó desde su creación en 1947, escaño que mantuvo hasta su muerte en 1964.

Así creció Piedad Córdoba, a la sombra de frondosos árboles identitarios; razón por la cual nunca necesitó encajar en una sociedad clasista, sino ser ella misma. Hasta su forma de proyectarse lo decía, el carácter y los atuendos que orgullosamente portaba, porque su indumentaria irreverente fue un recurso de afirmación, contra el racismo que aún persiste en Colombia.

Ella entendió cómo debía defender sus esencias: la familia colombiana, la negritud, la identidad de género y la paz. Logró comprender que ese sistema político no daba cabida a los humildes, ni indígenas, ni negros sometidos a una constante violencia política.

Así, siguió de la mano de sectores progresistas dentro del Partido Liberal, se hizo concejal de Medellín, diputada, Representante a la Cámara y Senadora de la República, gaitanista de principios (Jorge Eliécer Gaitán Ayala 1903​- 1948, conocido como El Caudillo del Pueblo)​​​​. Admiradora de la revolución cubana, solidaria con la revolución bolivariana de Venezuela y las luchas del pueblo haitiano, palestino, Saharaui. Consciente defensora del Cumbe Internacional Antiimperialista – Afrodescendiente y Africano, para promover intercambios especializados en torno a los problemas económicos, políticos, sociales y culturales que el continente enfrenta.

A Piedad Córdoba le tocaron todas las adversidades juntas, pero nunca renunció a la paz desde la búsqueda de una salida negociada al conflicto, cuando esta idea era lejana y rechazada por los halcones de la guerra.

Lo recuerda el mensaje que emitió la Senadora, compartido a través de su usuario digital, mientras fue juramentada en el centro asistencial donde se encontraba hospitalizada a mediados del 2022. “Los avatares del destino y la sistemática persecución política en mi contra lograron socavar mi salud en el último tiempo, pero no han logrado quitarme ni la vida, ni mis convicciones” (…) “Mientras respire, seguiré firme en mis ideas por las que he luchado desde hace casi 50 años: la democracia y la paz”.

Piedad se despidió invicta del escenario político colombiano y así vivirá en las más difíciles luchas de su pueblo. Hasta el último momento defendió con sinceridad -admirada por sus 700 mil seguidores desde su cuenta en X- las políticas del gobierno del actual presidente, a quien apoyó desde La coalición Pacto Histórico, que impulsó la candidatura de Gustavo Petro.

 


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