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El movimiento de los chalecos amarillos se convirtió en un vocero de millones de franceses ante el impacto generado las políticas de Macron.

El movimiento de los chalecos amarillos se convirtió en un vocero de millones de franceses ante el impacto generado las políticas de Macron. | Foto: EFE

Publicado 14 mayo 2020


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Durante los tres años de gestión del presidente Emmanuel Macron sectores de la población han acudido a las calles para rechazar las políticas gubernamentales y exigir el respeto a sus derechos.

Tras su triunfo en los comicios del 7 de mayo de 2017, el gobernante francés Emmanuel Macron dedicó los primeros meses de gestión, que inició el 14 de mayo de ese año, a impulsar una agenda reformista que poco a poco le fue valiendo la desaprobación social y la etiqueta de "presidente de los ricos".

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Los paquetes de medidas tomadas, como el impuesto de los combustibles, tuvieron un masivo descontento en las calles, escenario de reiteradas manifestaciones y demostraciones de rechazo a un Gobierno al que sectores de la población exigían, y aún lo hacen, mejores condiciones para vivir y el respeto a sus derechos sociales, laborales y humanos.

En mayo de 2019, una encuesta de la empresa de datos, conocimientos y consultoría Kantar reveló que sólo el 26 por ciento de los franceses aún confiaba en Macron, mientras que el 71 por ciento no creía en su gestión. 

Chalecos amarillos: Reclamos sociales

Manifestaciones en Francia durante enero de 2020. I Foto: EFE

En octubre de 2018, nació en Francia un movimiento social desvinculado de cualquier sindicato o partido político, luego del alza de los precios de ciertos combustibles.

El movimiento de los chalecos amarillos nació en las redes sociales y reunía a trabajadores obreros, empleados precarios, de zonas rurales o ciudades de tamaño medio, cuyos habitantes se sentían abandonados por el Gobierno francés. Además, de rechazar el aumento del combustible, exigían la recuperación del poder adquisitivo y los servicios públicos en la Francia rural.

Igualmente, la subida del salario mínimo a 1.300 euros al mes (que estaba en 1.150 euros) hasta la protección de la industria francesa, prohibiendo los despidos y la política de recortes del Gobierno.

En noviembre de 2018, durante la primera manifestación de los chalecos amarillos, salieron a las calles unas 300.000 personas en toda Francia. En varias ocasiones, los manifestantes fueron fuertemente reprimidos y detenidos  por las fuerzas de seguridad, pese a reiterar que su actividad era pacífica.

Durante febrero y marzo de 2020, las masivas movilizaciones de los chalecos amarillos cumplieron más de un año, sumando una serie de reclamos generales y el descontento generalizado por una polémica reforma de pensiones, parte del programa de reformas impuldado por el mandatario.

Estallido por las reformas de pensiones

En diciembre de 2019, las protestas en contra de la reforma de las pensiones amenazaron con paralizar las calles francesas, ya que la inciativa gubernamental recibió el rechazo contundente de representantes transportistas, maestros, abogados, personal de la salud, artistas, y trabajadores de otros sectores claves en la actividad económica nacional.   

El proyecto de Macron buscaba cambiar 42 regímenes por un sistema universal de pensiones. Sin embargo, los franceses afirmaban que la medida precarizaría las prestaciones, pues les pagarían menos a los jubilados o no tendrían contribuciones.

Las huelgas llegaron hasta París (capital) y diferentes poblaciones francesas. Semanas de manifestaciones se extendieron desde 2019 hasta 2020 sin hallar solución, mientras miles de afectados exigían al Gobierno francés el "retiro inmediato" de las leyes de Macron.

Otras batallas de la administración Macron

En abril de 2018, se registraron huelgas intermitentes donde los trabajadores ferroviarios mostraron su oposición a las reformas de Macron.

En este caso, los sindicatos de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Franceses (SNCF) rechazaron la medida del Gobierno para poner fin al estatuto que les garantizaba un empleo de por vida.

Las movilizaciones superaron las huelgas de 22 días de 1995 y la de 1986-1987, al realizarse varias jornadas de paro para demandar que las autoridades francesas escucharan y atendieran sus demandas.

Además, en ese año, universitarios bloquearon sus centros educacionales para protestar contra una reforma de la Administración Macron, que pretendía instaurar medidas de selección de ingreso a dicha enseñanza.

Ante tal posibilidad, miles de estudiantes y profesores franceses salieron a las calles en contra de la iniciativa.


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