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En enero pasado, varios líderes sociales de El Salado recibieron amenazas a su vida, nuevamente de grupos paramilitares.

En enero pasado, varios líderes sociales de El Salado recibieron amenazas a su vida, nuevamente de grupos paramilitares. | Foto: RCN Radio

Publicado 16 febrero 2021


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Se cumplen 21 años de uno de los hechos más dantescos de la historia del paramilitarismo en Colombia.

El 16 de febrero del año 2020 comenzó en el poblado Villa del Rosario-El Salado (municipio Carmen de Bolívar, departamento de Bolívar, norte de Colombia) uno de los capítulos más dantescos en la historia del paramilitarismo en esa nación.

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Durante varios días, en la villa y lugares cercanos, miembros de un grupo paramilitar conocido como los “caratapadas” cometieron un número significativo de crímenes contra civiles y obligaron a unas 4.000 personas a huir lejos de la región.

La masacre de El Salado se extendió hasta el 21 de febrero. ¿Cuáles fueron sus causas? ¿Por qué se aterrorizó de ese modo a la población de esa región?

Control del territorio

Meses antes de la masacre, el comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Carlos Castaño, sentenció: “los guerrilleros son objetivo militar estén de civil o estén uniformados”.

Tras una paciente reconstrucción de los hechos, se conoce que la masacre fue planeada en la finca El Avión (departamento de Magdalena) por los jefes paramilitares del Bloque Norte de las AUC, Salvatore Mancuso, Rodrigo Tovar Pupo y John Henao (cuñado de Castaño).

Participaron 450 paramilitares divididos en tres grupos, que cerraron un cerco y colocaron retenes para impedir la salida de la comunidad o la entrada a ella.

El territorio les interesaba para desarrollar el contrabando de armas, el narcotráfico y la extorsión, entre otras actividades lucrativas ilegales.

La fuerza pública

Por diversas razones, la Policía Nacional y la unidad de Infantería de Marina a cargo de esta región la dejaron desprotegida y no impidieron el avance paramilitar.

En cualquier investigación de los hechos ello resulta, cuando menos, contradictorio, debido a incidentes de violencia ocurridos en la región en enero de 2000, que ameritaban reforzar allí la presencia militar.

El 23 de diciembre de 1999, un helicóptero paramilitar sobrevoló el casco urbano de El Salado y arrojó volantes que "invitaban" a los pobladores a disfrutar la festividad de fin de año. Según la octavilla, sería la última vez que lo harían.

No fue la única alerta que no se escuchó. El 15 de febrero, el Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de Colombia alertó sobre fuertes indicios de que un serio incidente de violencia estaba por ocurrir en la zona. 

Zona de guerra

Una unidad del Frente 37 de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) atacó reiteradamente a uno de los grupos paramilitares que avanzaba hacia El Salado.

Ese grupo pidió refuerzo a los otros dos y, tras integrarse, tomaron ventaja numèrica y de poder de fuego, debido al empleo de un helicóptero artillado. Esto obligó a replegarse a los guerrilleros.

Por todo ello, El Salado quedó a merced de los paramilitares, que protagonizaron allí una orgía de sangre, torturando y matando a numerosos residentes, algunos de ellos por sorteo, tras acusarlos de ser guerrilleros.

Además, asesinaron a varias mujeres, otras fueron violadas (entre ellas niñas) y una cifra pequeña fue obligada a cocinar para los irregulares durante los días que permanecieron en el poblado.

Según sobrevivientes, los hombres de las AUC se apropiaron de los instrumentos musicales de la Casa del Pueblo y tocaban luego de cada ejecución. Mientras duró la carnicería, saquearon las pertenencias de los pobladores.

Solo el 18 de febrero, unidades de Infantería de Marina recibieron órdenes de operar en el territorio de la masacre. Entre otras muchas cuestiones, no se comprende aún por qué no pudieron detectar el repliegue de 450 paramilitares y mucho menos combatirlos.

Heridas que no sanan

Según la investigación desarrollada años atrás por el Centro Nacional de la Memoria Histórica (CNMH), se identificó un total de 59 víctimas fatales, de ellas 51 hombres y ocho mujeres. Con posterioridad, la Fiscalía General determinó que las víctimas fueron más de 100.

La reconstrucción de los hechos permitió conocer que los paramilitares no solo aterrorizaron a El Salado, sino que en su camino a esa comunidad masacraron civiles en otras comunidades, en los accesos al lugar y a varios fugitivos de la matanza que hallaron en las selvas circundantes.

Tras la masacre, cerca de 4.000 personas se vieron obligadas a desplazarse forzosamente del corregimiento de El Salado.

De acuerdo con el Observatorio de los Derechos Humanos en Colombia, debido a la violencia sistemática, a la no presencia de las instituciones del Estado colombiano y al incumplimiento del Acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC-EP, solo están habitados siete de los 17 corregimientos con que cuenta el municipio Carmen de Bolívar. En siete municipios de la región hay 42 veredas completamente vacías.

Entre el 15 y el 16 de enero pasado, varios líderes sociales de la región recibieron amenazas de muerte de parte del grupo paramilitar Las Águilas Negras.


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