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Oto Higuita
Oto Higuita

Licenciado en Historia Económica de la Universidad de Estocolmo. Ensayista.

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Colombia es uno de los países más violentos y agitados de la región, y está atravesando por una de sus peores crisis política, económica y social.

El principal reto de la sociedad colombiana es terminar la guerra, pues es innegable que sigue existiendo. Pero para lograrlo hay que trascender al gobierno y al Estado mismo, sin embargo, éstos son fundamentales para llevar a cabo este fin histórico.  

Colombia está cambiando lenta e imperceptiblemente, se está transformando. Lo hace arrastrando consigo las viejas tragedias que como un fardo pesado hacen lento y silencioso el camino hacia el cambio.
Las amenazas de Donald Trump diciendo que la opción militar para Venezuela está dentro de los planes del imperio, no representan una ruptura radical con el modelo de dominio que vienen ejerciendo por décadas, y no debe llevar a falsas valoraciones y entrar a hablar de discontinuidad.
Hay dos visiones enfrentadas. Se enfrenta la oligarquía venezolana a un nuevo sujeto y actor surgido desde abajo, popular, mestizo, indígena, afrodescendiente, blanco, empoderado del legado de Hugo Chávez y consciente de su papel como constituyente primario.
La guerra de posiciones en favor o en contra de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Venezuela arrecia por todos lados, también en Colombia por supuesto, donde el mismo Presidente Juan Manuel Santos acaba de decir que no la reconocerá por su “origen espurio” y que por consiguiente sus resultados no los va a reconocer.
La conspiración contra Venezuela y el cerco mediático para hundirla, no cesan. Por el contrario, al mejor de sus estilos acude a las mentiras y falacias para asfixiarla. Por ningún lado se ven las fotos e imágenes de guarimba y jóvenes armados de bazucas artesanales, de pistolas y fusiles de asalto, de las graves violaciones al derecho a la vida, la propiedad pública y privada, la libre circulación y la libertad de expresión, además de los crímenes y actos terroristas cometidos por los promotores y agentes de los paros y protestas.
La tesis 48 es la que con mayor nitidez expresa la visión estratégica del partido que crearán. Y es la que más preocupa tanto a la clase dominante y su expresión más radical, la extrema derecha, defensora a ultranza del modelo capitalista, la tradición, la familia y la propiedad privada.
Los integrantes de la guerrilla más antigua del mundo, merecen la más amplia y afectiva acogida y bienvenida a la lucha política legal que en adelante, tal y como lo vienen haciendo durante el proceso de implementación, se dará desde la palabra y los argumentos. Es la hora de la batalla de las ideas.
La clase dominante en Colombia teme que se conozca la verdad sobre los crímenes y el terrorismo de Estado.