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Atilio Borón
Atilio Borón

Argentino de nacimiento y latinoamericano por convicción. Sociólogo y analista político. Obtuvo su Licenciatura en Sociología y posteriormente, su Magister en Ciencia Política. Tiene un Ph. D. en Ciencia Política en la Universidad de Harvard.

31 Notas publicadas

Notas recientes

La rebelión de los “chalecos amarillos” que comenzó hace pocas semanas cuando dos camioneros y la dueña de un pequeño comercio lanzaron a través de las redes sociales una convocatoria a protestar en las rotondas de entrada de sus pequeñas ciudades por el aumento del precio del combustible.

Este 10 de diciembre se conmemora el Día de los Derechos Humanos, que coincide con el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

Conversando con algunos amigos y colegas ecuatorianos en diversos foros internacionales en los que participé en los últimos días logré interiorizarme de algunos detalles de la gestión del presidente Lenín Moreno que si bien no los ignoraba sólo los conocía un tanto superficialmente.
Muchos pensaron que con el triunfo de Mauricio Macri y la elección de Jair Bolsonaro el pensamiento de Nuestra América caería una vez más en los nefandos extravíos del neofascismo, de la xenofobia, la misoginia, la homofobia, el racismo. Es decir, en el pensamiento reaccionario en todas sus variantes, y que el pensamiento crítico había llegado a su ocaso.
La intempestiva designación del Juez Sergio Moro como Ministro de Justicia de Brasil quedará registrada en la historia como el caso paradigmático, por su desvergüenza rayana en lo obsceno, de la emergencia de un siniestro actor en la siempre acosada democracia latinoamericana: el “Sicario Judicial”. A diferencia de sus predecesores que aniquilan a sus víctimas físicamente, el sicario judicial como su colega económico de más antigua data (como lo demuestra el conocido libro de John Perkins, Confesiones de un sicario económico) el judicial los elimina utilizando un arma más silenciosa y casi invisible a los ojos de sus contemporáneos: el “lawfare”. 
Aproveché mi viaje de regreso a Buenos Aires para charlar con varios empleados en el Aeropuerto de Río de Janeiro. La conversación me dejó desolado, ahondando la sensación que cosechara en las calles de Río durante toda la semana.
Según  este santo varón, su gobierno invertirá en ciencias “que produzcan cosas” (lavarropas, palas, tornillos, etcétera) y no palabras o ideologías. 
 

Para justificar su actitud el ex presidente declaró a la prensa que "de Bolsonaro me separa un muro y de Haddad una puerta".

¿Por qué la burguesía brasileña se inclinó a favor de Bolsonaro?
En ese clima ideológico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido común popular y podrían catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto.