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En los denominados “campamentos patrióticos” se organizan actividades políticas y entrenamiento militar permanente y agresivo.

En los denominados “campamentos patrióticos” se organizan actividades políticas y entrenamiento militar permanente y agresivo.

Publicado 21 mayo 2019

La circunstancia que agudiza aún más lo anterior y que torna el asunto de manera peligrosa son las estructuras paramilitares y abiertamente neonazis que entrenan en diversas partes del país para enfrentar al ejército ruso en un eventual conflicto de gran escala. Lo inquietante es que las milicias están conformadas por niños entre los 7 y 16 años que son adoctrinados para “matar rusos”.

El significado etimológico de Ucrania en ruso antiguo es “zona de frontera (borde u orilla)”, lo que ejemplifica en justa medida la condición actual de la nación eslava. En efecto, Ucrania se encuentra en los confines de Rusia muy próxima a las naciones de Europa central y los Balcanes. Esta condición histórica ha desarrollado una ambivalencia en el país, pues la zona oriental se identifica con el idioma y las tradiciones de Rusia, mientras que la franja del extremo occidental ha tendido a desplegar un discurso nacionalista (en ocasiones radical). De la mano de las ideologías europeas del siglo XIX, los ciudadanos ucranianos comenzaron a crear su propia conciencia nacional. El primer movimiento nacionalista fue fundado por el poeta Taras Shevchenko quien llegó a proponer un proyecto de la “Gran Ucrania”, territorio comprendido entre Galitzia (Polonia) y Bukovina (Rumanía) hasta los ríos Don y Kubán en los límites de Eurasia (https://www.eurasia1945.com/acontecimientos/fascismo/nacionalismo-ucraniano/). 

Esta idea que se fue radicalizando en los albores del siglo XX, promulgaba la “anti-rusificación” de Ucrania y de hecho se manifestó en la guerra civil que daría origen a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Durante la ocupación nazi de la URSS en 1941 bajo la “Operación Barbarroja”, algunas milicias nacionalistas ucranianas como el batallón “Roland” juraron lealtad a las banderas del Tercer Reich y de hecho combatieron en sus filas. 

Un nombre recurrente al hablar de este periodo fue el nacionalista Stepan Bandera, uno de los fundadores del Ejército Insurgente y de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, quien tuvo un papel destacado en el asesinato de al menos 100.000 civiles polacos y judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, Bandera es pues hoy la figura central de los nacionalistas de extrema derecha en Ucrania. De hecho, detrás las protestas de Euromaidán que ocasionaron la salida del poder del presidente Víctor Yanukovich en 2014 estaba la organización Pravy Sektor (“Sector de derecha”), un grupo nacionalista que recibía entrenamiento en artes marciales, tácticas de combate y cócteles molotov para combatir a la policía (https://www.elespectador.com/noticias/elmundo/quienes-son-los-nacionalistas-ucranianos-articulo-489849). Este peligroso movimiento que cuenta al menos con unos 10.000 simpatizantes se suma a otras organizaciones de extrema derecha como el partido Svoboda (Libertad), el partido Batkivshchyna (Patria) y la Alianza Democrática para la Reforma (UDAR) sectores que, desde la crisis política en Ucrania que desencadenó la guerra civil en el oriente del país, han tenido un papel destacado en las confrontaciones armadas, pero también en el gobierno de Petro Poroshenko. El factor común de todos estos grupos extremistas es considerar a Stepan Bandera como un mártir, el ícono de la independencia y el nacionalismo ucraniano.

Desde las protestas de 2014, los movimientos ultranacionalistas y filonazis adquirieron cierta visibilidad en el país y a pesar de que su representación no llega al 5% en la Rada Suprema, lo cierto es que su poder va en progresivo incremento. En junio de 2018, por ejemplo, al menos unos 20.000 nacionalistas ucranianos marcharon para conmemorar el “Día del defensor de la Patria y el 75 aniversario de la fundación del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA)”. En un desfile propio de la iconografía de la Italia fascista, los nacionalistas, antorchas en mano, proclamaban consignas xenófobas dirigidas principalmente a los rusos que viven en Ucrania (https://www.publico.es/videos/637296/miles-de-nacionalistas-ucranianos-marchan-por-las-calles-de-kiev). El centro de la manifestación fue nuevamente Stepan Bandera que hoy constituye una figura polémica entre los ucranianos. Sus defensores insisten en reconocerlo como un personaje vital para la independencia del país (así eso haya implicado colaborar con el nazismo); mientras que sus detractores lo consideran una figura peligrosa con un discurso abrasivo. Al margen de la discusión, lo cierto es que Bandera es hoy por hoy el símbolo del peligroso nacionalismo ucraniano.

Los discursos extremistas de “Ucrania para los ucranianos” ha encontrado eco en diversos movimientos y líderes locales que buscan a toda costa negar los nexos históricos y familiares que los emparentan con Rusia. El propósito esencial de estos grupos es crear un ambiente de división y exclusión, alimentando de manera consiente el odio hacia su vecino. Ejemplo de lo anterior fue la declaración del jefe adjunto del llamado “Ministerio para los Territorios Ocupados Temporalmente”, Yury Grimchak quien aseguró que Ucrania despojará de su ciudadanía a aquellos habitantes de Donbass (región actualmente en disputa en el oriente del país) que adquieran el pasaporte ruso (https://es.news-front.info/2019/04/17/ucrania-se-prepara-para-despojar-de-la-ciudadania-ucraniana-a-los-ciudadanos-de-donbass-que-obtengan-pasaporte-de-rusia/). Esta muestra de mezquindad política deja entrever el nacionalismo exacerbado y fanático que busca desconocer los lazos históricos entre dos pueblos hermanos. La intención de los nacionalistas ucranianos es, por tanto, negar ese camino común y a cambio impulsar el odio y la xenofobia.   
 
La circunstancia que agudiza aún más lo anterior y que torna el asunto de manera peligrosa son las estructuras paramilitares y abiertamente neonazis que entrenan en diversas partes del país para enfrentar al ejército ruso en un eventual conflicto de gran escala. Lo inquietante es que las milicias están conformadas por niños entre los 7 y 16 años que son adoctrinados para “matar rusos” (http://diariodelcauca.com.co/noticias/internacional/en-este-campamento-de-ucrania-les-ensenan-los-ninos-mata-480632). 

En los denominados “campamentos patrióticos” se organizan actividades políticas y entrenamiento militar permanente y agresivo. Por ejemplo, en el campo ubicado en Gart Voli (región de Ternopil) hay unos 11.000 miembros, desde activistas antiestablecimiento pasando por nacionalistas radicales y hooligans hasta individuos abiertamente neonazis. En ese ambiente es justamente donde están creciendo miles de niños ucranianos. Un crimen total.

En estos campamentos, los muchachos son adoctrinados para considerar a los rusos como el enemigo acérrimo, como el fin último de sus acciones violentas. Los instructores del partido Svoboda lanzan consejos del calibre: “No pienses en tu blanco como si fuera una persona” y ese blanco son los soldados rusos que los nacionalistas perciben como invasores por lo que buscan expulsarlos o aniquilarlos. En la misma dirección, van las arengas de Yuri Cherkashin, un ex combatiente que lidera el campamento, según él, “nunca apuntamos las armas a las personas, pero no consideramos que los separatistas sean personas” (https://hsbnoticias.com/noticias/internacional/en-este-campamento-de-ucrania-les-ensenan-los-ninos-mata-480632). Esta clase de discursos son muy similares a los utilizados en su época por Adolfo Hitler para emprender su sanguinaria matanza en contra del pueblo judío, de ahí que resulte extremadamente peligroso que niños desde los 7 años estén siendo adoctrinados para eliminar a quienes consideran “subhumanos”.  

En el oriente del país se encuentra una de las estructuras más peligrosas: el batallón de Azov. Esta organización es el brazo militar del partido político Cuerpo Nacional que cuenta con dos escaños en la Rada Suprema. El grupo armado ha sido financiado y entrenado por cuerpos élite de Estados Unidos e Israel, según información del FBI. Originalmente, “el batallón de Azov surgió como un grupo paramilitar de nazis ucranianos vinculados al partido Nacional Socialista y luego se incorporó al Ministerio del Interior como parte de la Guardia Nacional” (https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com/2018/11/fascismo-e-imperialismo-estados.html), lo que demuestra la filtración de grupos extremistas en las altas esferas del Estado ucraniano. De acuerdo con palabras de su fundador y actual parlamentario, Andrey Bilitsky, “la misión histórica de nuestra nación en este momento crítico es dirigir las razas blancas del mundo en una cruzada final para su supervivencia”. Amparando el racismo y la supremacía nacional se esconde el apoyo de Estados Unidos que, como hemos visto en otras investigaciones tiene claros intereses en el conflicto en Ucrania (http://laotraopinion.net/geopolitica/global/los-intereses-de-estados-unidos-en-el-conflicto-de-ucrania/). Este apoyo soterrado se ha buscado la desestabilización de una zona sensible en la seguridad mundial. 

Uno de los campos de acción más efectivos del movimiento nacionalista ucraniano ha sido el discurso político. De hecho, de tendencias claramente xenófobas, estos grupos han buscado difundir su odio a los rusos y ucranianos del este, declarándolos personas “no gratas”(https://www.eldiario.es/theguardian/milicias-neonazis-ucranianas-muestran  musculo_0_749625905.html). Estas manifestaciones son muy similares a las alocuciones venenosas del presidente Trump en torno a la construcción del muro en la frontera con México. Los nacionalistas tienden a proclamar una arenga de supremacía y división como quedó evidenciado en las palabras del líder ultranacionalista Dimitri Korchinsky para quien “los ucranianos del este no merecen compasión”(https://es.news-front.info/2019/03/20/nacionalista-ucraniano-dice-que-los-residente-de-donetsk-y-lugansk-en-el-donbass-no-merecen-la-compasion-de-ucrania/). Esta clase de frases contundentes y agresivas pululan a diario en el oriente de Ucrania, donde los ciudadanos que no apoyen la causa de los nacionalistas radicales son percibidos como personas de segunda clase. El objetivo final es crear un relato anti ruso. 

De acuerdo con distintos analistas, a pesar de la relativa baja representación en el parlamento con la que cuentan los grupos nacionalistas (cercana al 5%), la tendencia puede ir en crecimiento debido al renovado interés que han adquirido los partidos de derecha en Europa y a la situación de crisis política y económica en la que está sumida Ucrania. No debe perderse de vista que el fatídico ascenso de Adolfo Hitler en Alemania se debió a las complejas circunstancias económicas por las que atravesaba el país. En este sentido, el poder de los ultranacionalistas puede incrementarse en Ucrania, más si se toma en cuenta la influencia ideológica ejercida sobre los “niños soldado” (https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-10-30/ucrania-ninos-campos-entrenamiento-rusia_1637439/). Al respecto debe mencionarse el relativo poco cubrimiento por parte de la prensa occidental de una situación que es una clara violación a los derechos de los niños. Las fotografías difundidas por medios como The Guardian dan cuenta de la preocupante circunstancia y de las consecuencias nocivas del nacionalismo en dicho país.

La influencia de los extremistas de derecha en el Estado ucraniano es hoy una realidad. Lo complejo del asunto es que ningún gobierno podrá alejarlos de manera definitiva pues ellos (los nacionalistas) creen que el derrocamiento del presidente Yanukovich fue una victoria suya. Además de este factor, debe considerarse que las grandes potencias como Estados Unidos y el Reino Unidos están dispuestas a intervenir de manera activa para desestabilizar Eurasia e influir a los gobiernos que contravengan sus directrices. Teniendo en cuenta que Ucrania es un importante centro de acopio del mercado negro de armas (http://laotraopinion.net/geopolitica/global/los-intereses-de-estados-unidos-en-el-conflicto-de-ucrania/), la situación puede devenir en un polvorín desatando terribles consecuencias en la región, entre las cuales podría estar un futuro gobierno ultranacionalista. 


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