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Médicos y trabajadores de la salud lideran los llamamientos a la desobediencia contra los militares.

Médicos y trabajadores de la salud lideran los llamamientos a la desobediencia contra los militares. | Foto: EFE

Publicado 3 febrero 2021


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El rechazo a la toma del control por los militares se ha extendido por todo el país, pese a la posibilidad de represalias.

El Ejército de Myanmar, en el poder desde que el pasado lunes asumió el control del Estado, presentó este miércoles cargos penales contra la lideresa nacional Aung San Suu Kyi, por violar una ley de importación y exportación; y contra el depuesto presidente del país, Win Myint, por saltarse las restricciones anti Covid-19.

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La oficialmente consejera de Estado del Gobierno defenestrado, Suu Kyi, quien permanece en arresto domiciliario desde el lunes, es acusada de que se encontró en su vivienda un aparato de rastreo telefónico cuyo uso solo está permitido por el Gobierno o el Ejército. Este hecho pudiera conllevarle hasta tres años de cárcel.

En ese contexto, ciudadanos de Myanmar se movilizan y se multiplican los llamamientos a la desobediencia, en rechazo a la asunción del poder por el Ejército. Médicos y trabajadores sanitarios lideran las convocatorias, que se sienten apoyadas por la exhortación de EE.UU. a que los militares restituyan el poder democrático.

Los médicos y profesionales sanitarios portan lazos rojos en señal de protesta; y anunciaron que se negarían a trabajar salvo en caso de emergencia médica. "Solo obedeceremos al Gobierno democráticamente elegido", dijo Aung San Min, responsable de un hospital de cien camas en la región de Magway en el centro del país.

Las acciones de protesta se han extendido desde el mismo lunes por todo el territorio de esa nación asiática. Las mismas comprenden tanto acciones presenciales, como generaciñon de contenidos a través de las redes sociales.

El Ejército, por su parte, ya publicó una advertencia contra cualquier discurso o mensaje que pueda "fomentar disturbios o una situación inestable", haciendo patente la posibilidad de fuertes represalias a las que temen los ciudadanos de Myanmar, un país que ya vivió unos 50 años de dictadura militar desde su independencia.

"La población sabe muy bien hasta qué punto el ejército puede ser violento y lo poco que le importa su reputación internacional, lo cual podría frenar la voluntad de movilizarse", estimó Francis Wade, un experto en temas de esa nación asiática.


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