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Entre 2013 y 2016 el precio del petróleo (WTI) se retrajo 55,9%

Entre 2013 y 2016 el precio del petróleo (WTI) se retrajo 55,9% | Foto: Reuters

Publicado 10 noviembre 2017

La baja de los precios del petróleo iniciada en 2014 expuso las debilidades de la economía colombiana y del proceso de re-primarización de la estructura productiva que sufrió el país en las últimas décadas.

Hace años que Colombia se encuentra en un proceso de desaceleración económica sostenida. Sin embargo, en ese período de tiempo hay un indicador que no paró de crecer: la deuda externa. Según datos del Banco Central colombiano (BANREP) entre 2013 y 2016 la deuda externa prácticamente duplicó su participación en el PIB (Producto Interno Bruto), pasando de representar el 24,2% al 42,5%.

¿Por qué ocurre este fenómeno y cuáles son sus consecuencias?

La baja de los precios del petróleo iniciada en 2014 expuso las debilidades de la economía colombiana y del proceso de re-primarización de la estructura productiva que sufrió el país en las últimas décadas. En 1993 el Producto Interno Bruto industrial representaba el 20,5% del PIB total, para 2013 esa cifra había bajado a casi la mitad (11,6%). La industria como motor del crecimiento y del desarrollo dejó paso al sector primario, en particular en el rubro minero y petrolero. 

De esta manera el país aumentó su vulnerabilidad a shocks externos asociados a variaciones en los precios de los commodities.

Entre 2013 y 2016 el precio del petróleo (WTI) se retrajo 55,9%. El cimbronazo se sintió fuerte en la economía. En 2013 el déficit comercial (exportaciones menos importaciones) representaba el 0,1% del PIB, en los tres años subsiguientes promedió un saldo negativo de 4,5%.

El comercio exterior es la fuente de financiamiento más genuina que tiene un país,  ya que implica acumular las divisas necesarias para el funcionamiento de la economía a partir de la producción. Pero desde 2013 esa cuenta implica salidas de dólares del país. El mal desempeño comercial echó más leña al fuego al profundizar el ya de por sí importante déficit de cuenta corriente que venía registrando el país. La cuenta corriente, además del saldo comercial, incluye por ejemplo la remisión de utilidades (ganancias que las empresas multinacionales giran a sus casas matrices en su país de origen) que es típicamente una gran vía por la que salen divisas de las economías latinoamericanas. Esta cuenta en 2013 reflejaba un déficit de 3,2%, durante los años siguientes promedió un saldo negativo de 5,3%.

La salida de divisas por estas vías además fue acompañada por un incremento en la fuga de capitales. Según el BANREP (Banco Central de la República de Colombia), a pesar de la deficiencia de las cuentas externas los colombianos incrementaron sus activos en dólares en 44.000 millones de dólares, a un promedio de 11.000 millones por año.

Por lo tanto, la deuda externa se duplicó a fines de financiar el déficit comercial, el déficit de cuenta corriente y la fuga de capitales. Producto del alto ritmo de endeudamiento también los intereses de la deuda empiezan a ser una vía importante de pérdida de divisas. El endeudamiento no es gratuito ya que se debe devolver y con un interés. En este sentido, es preocupante que los dólares que entraron al país por la vía de la deuda, en lugar de estar generando capacidad de repago (vía inversiones que permitan la generación genuina de divisas) se están yendo por canales improductivos. De no revertirse esta política la dependencia del endeudamiento será cada vez mayor y la exposición a shocks externos (como subas en la tasa de interés internacional) cada vez más peligrosa.

La deuda externa a su vez impone condicionamientos a la política económica ya que las calificadoras de riesgo, los acreedores y los organismos internacionales exigen determinadas medidas para sostener el flujo de fondos. Justamente lo que se necesita en este momento es crear nuevas políticas que permitan poner al servicio de la inversión, la producción y el empleo los frutos del trabajo colombiano que hoy se van por la fuga de capitales.


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