31 enero 2018
Venezuela: vecinos y fronteras hostiles

       La República Bolivariana de Venezuela ha definido una política de buenas relaciones, hermandad y respeto hacia los países vecinos, al tiempo que, preservando su territorialidad y soberanía, en todos los sentidos y en los mejores términos  posibles.

Venezuela: vecinos y fronteras hostiles

 

     En este sentido, la reciprocidad hacia el suelo venezolano no ha sido la norma en unos gobiernos vecinos, los que, histórica y circunstancialmente, han apelado a diversas formas de ataque, acoso, desangramiento, usurpación y robo de las riquezas con las que ha contado la patria de Bolívar y Chávez, pese a que en suelo criollo han sido acogidos millones de ciudadanos, procedentes de estos países vecinos.

 

     Podemos, entonces, hacer referencia a una ciclicidad de conflictos provocados por gobiernos vecinos, que por la vía diplomática el gobierno venezolano ha evitado, en aras de la paz, la sana convivencia y la hermandad, incluso, por razones consanguíneas, dada la proximidad territorial y la movilidad, aunque en los últimos años, se han agudizado los ataques contra Venezuela, por razonespolíticas y crematísticas, más que por su soberanía o nacionalismos, además de que sus ataques son aupados por las hienas imperiales, desde la vieja monárquica Europa, hasta el imperio rapaz que preside el retroconservador pornopuritano, Donald Trump.

 

     Así, por ejemplo, tenemos que desde la Guyana inglesa, desde su condición de  colonia de la corona inglesa, a cuenta de la Commonwealth británica y aupada por este imperio, hace poco más de dos años, su presidente arremetió contra Venezuela, violando abiertamente el Acuerdo de Ginebra del 17 de febrero de 1966, promoviendo agresivamente la explotación minera irracional y otorgando concesiones en territorios del Esequibo que es venezolano y entregando a transnacionales estadounidenses y británicas la explotación de petróleo y gas en mar territorial venezolano, en aras de un conflicto bélico que justifique la intervención de Inglaterra y EEUU, mientras que el Lobby y control que desde el seno de los privilegiados miembros permanentes  de la Organización de las Naciones Unidas(ONU), ejercen estas potencias sobre gobiernos serviles y semicoloniales, les ha servido de excusa perfecta este conflicto y el afán de romper con el Acuerdo de Ginebra, para que, tanto Ban Ki Moon, como el ahora Secretario General de la ONU, António Guterres, legitimen el arrebato del Esequibo venezolano, que pretenden consumar la Guyana inglesa y la corona británica.

 

     El Secretario General de la ONU, António Guterres,  el pasado martes 30 de enero del año 2018, se atribuyó competencias absolutas y pretendió llevar esta controversia limítrofe de la colonia inglesa, Guyana, con la República Bolivariana de Venezuela, con el fin abyecto de romper con el compromiso de la ONU de ser Depositaria del Acuerdo definitivo  y de vigencia indefinida, desde el pasado 26 de mayo de 1966 del Acuerdo de Ginebra. Ni el portugués António Guterres, ni la corona inglesa y su colonia en Suramérica saben el significado de la consigna patria: “El sol de Venezuela nace en el Esequibo”.

 

   Mientras estas agresiones con pretensiones bélicas se suceden en esta articulación, Gran Bretaña, EEUU y Guyana inglesa, apoyándose en fantoches desde la ONU, en la frontera sureste, el gobernante de facto de Brasil, Michel Témer, ha boicoteado todos los intercambios comerciales con Venezuela, impidiendo el paso de alimentos, insumos y material médico, que el gobierno venezolano ha comprado, además de que Michel Témer, ha promovido la explotación ilegal fronteriza y el contrabando de oro, hierro, aluminio, coltán, gasolina y otros recursos minerales que van a territorio brasileño, sin que soslayemos que, recientemente, en la primera semana de noviembre del año 2017, Témer, entregando la soberanía del Brasil y poniendo en riesgo toda la Amazonía, ha cedido suelo brasileño, con la excusa de ejercicios militares en Tabatinga, región de la triple frontera de Brasil, Colombia y Perú, de la que se derivó la creación de una supuesta “Base Logística Multinacional”,que no es otra cosa que una base militar estadounidense, como asiento para hostilidades contra Venezuela y el robo de las riquezas de toda la Amazonía.

 

     Y si nos asomamos al norte de Venezuela, específicamente en la zona caribeña del Noroeste, justo frente a las costas de la Península de Paraguaná, las islas Aruba, Curazao y Bonaire, que constituyen colonias del Reino de Holanda, son receptoras y asiento del mayor contrabando de oro y cobre que es robado en Venezuela y entra a estas islas, siendo legalizado inmediatamente, para salir de allí hacia Europa, además de que sus comercios están abarrotados de alimentos, productos de higiene y limpieza, gasolina y lubricantes contrabandeados desde Venezuela y recibidos de manera celestina por los gobernantes de estas islas, mientras que su hostilidad contra el gobierno que preside Nicolás Maduro y contra el gentilicio venezolano causa hilaridad, dadas sus ínfulas imperiales, sin sospechar que ellos están enclavados en el Mar Caribe de la América caribeña y latina.

 

    Siguiendo con los aludidos fronterizos, está el narcogobierno de Juan Manuel Santos en Colombia, país que comparte la mayor frontera con Venezuela y, tal vez, el país con mayores vínculos históricos, a pesar del desplome de la Gran Colombia. Las agresiones del lado colombiano hacia Venezuela son innumerables, amén de que gran parte de la economía colombiana, sobre todo, la del Norte de Santander vive, parasita y depende de la producción, intercambio y riquezas venezolanas que a su territorio van a dar.

 

     Pues bien, desde Castilletes en el Punto más extrema del oeste venezolano que da con Colombia, bajando por Maicao hasta el suroeste y desde Cúcuta hasta bajar  por el Río Negro, hasta La Guadalupe y el Cucuí, en frontera con Brasil, han transitado hacia Venezuela más de siete millones (7.000.000) de desplazados indocumentados que se han quedado y hoy son parte de la vida nacional venezolana, sin ningún tipo de discriminación, desde hace más de veinte años.

 

    Pero, también, esa amplia frontera ha servido para el tráfico y contrabando de petróleo, gasolina y lubricantes venezolanos, que Juan Manuel Santos legaliza y exporta, al igual que alimentos, productos de primera necesidad, de higiene y limpieza salen diariamente en toneladas de contrabando, que son revendidos al pueblo colombiano, porque el gobierno de Juan Manuel Santos no atiende el Norte de Santander, lo que derivó en la más alta tasa de desnutrición y muerte de niños en América latina y el Caribe en los últimos cinco años, hasta el 2017.

 

    Esta amplia frontera con Colombia, ha servido para que, por ejemplo, Venezuela le cubra los déficits de producción a Colombia, al no poder ésta cumplir con el Tratado de Libre Comercio (TLC) con EEUU, que de libre no tiene nada, en casos como el siguiente: como el gobierno colombiano no está en capacidad de producir toda la cuota anual del café que EEUU le exige a precios de maquila a cambio de espejitos, el gobierno colombiano ha promovido comprar  todo el café en azul (en pepa y seco) a los productores de los estado venezolanos (Mérida, Táchira, Trujillo y Barinas), pagándolos en dólares de acuerdo con su economía deficitaria colombiana, lo que ha hecho que en los últimos siete años el precio del café en Venezuela lo impongan en Cúcuta y Maicao, al costo internacional y de usura,  además de la escasez que han generado para el consumo venezolano.

 

     Por otra parte, tenemos casos como la ciudad de Cúcuta, que de ser una zona árida de burdeles entre latas de zinc, pasó a ser Las vegas de Colombia, la ciudad  millonaria que ha vivido del lavado de dinero del narcotráfico y de todo el contrabando de Venezuela hacia Colombia, con el agravante, ahora, de que, abiertamente, la Embajada de EE.UU. en Colombia, en una conexión entre la DEA y los cárteles del narcotráfico se dedican a comprar todo el papel moneda de Venezuela y al negocio especulativo del Dólar estadounidense, con el objeto de quebrar la economía venezolana, al tiempo que generan riqueza inusitada a las mafias y delincuencia organizada internacional.

 

     Lo anterior expuesto ha sido milimétricamente calculado por el anterior narcopresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez y profundizado por su sucesor y pupilo, Juan Manuel Santos, el que, torpedeando los posibles acuerdos a darse, “si dios quiere”, como dijo el extremista de la derecha venezolana, Julio Borges, producto del “Diálogo Gobierno – Oposición” de la República Bolivariana de Venezuela que se celebra en República Dominicana, sostuvo una reunión en el Palacio de Nariño, el pasado 18 de enero del 2018, con Julio Borges y un grupo de estrategas en terrorismo,para terminar de liquidar la economía venezolana  y promover una insurrección armada, con contratistas mercenarios civiles apostados en las siete bases militares colombianas y los llamados “Paracos” (paramilitares colombianos), que son el brazo armado de Juan Manuel Santos.

 

     Ahora bien, más allá de estos vecinos hostiles que nos torpedean de diversas formas en nuestras fronteras e intentan hacer daño a la patria venezolana, también hemos de reconocer que tenemos otros hermanos vecinos territoriales, como el gobierno y gentilicio de Surinam, Trinidad y Tobago, Granada, Barbados, Dominica, Monserrat, República Dominicana, Haití, Jamaica, Islas Caimán, Cuba y otros tantos países y sus gobiernos, muchos de ellos, incluso, han tenido que resistir estoicos a las amenazas imperiales, por no prestarse al terrorismo contra la República Bolivariana de Venezuela. Seguimos venciendo por los caminos de la paz, con Nicolás Maduro a la vanguardia del Pueblo. Pero, si nos atacan bélicamente, como calculan hacer los malos vecinos, los venezolanos no responderemos con papelillo.


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Perfil del Bloguero
Nacido en Mérida, Venezuela.Narrador y ensayista. Activista político de base, del PSUV. Comunicador de Calle del SiBCI, No. 16004.Profesor universitario e investigador de fenómenos sociales y del habla espontánea.Profesor en Lengua Materna; Magister Scientiae en Literatura Iberoamericana; Doctor en Ciencias Sociales.

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