Las trasnacionales, el paramilitarismo y la ofensiva contra los luchadores populares

El presidente de Ecuador Rafael Correa fue uno de los primeros en lanzar la advertencia al hablar de un “nuevo Plan Cóndor”, refiriéndose a las  iniciativas destituyentes encaradas contra Venezuela y Brasil por opositores de derecha patrocinados por el gobierno estadounidense. Sin duda, lo más notorio de estas formas de actuar es que combinan una y mil vías buscando el objetivo de derrocar gobiernos legítimamente constituidos a partir del voto popular. Así lo intentan o tratarán de hacerlo mediante pedidos de juicio político, referendos revocatorios, movilizaciones multitudinarias con expresiones racistas o nostálgicos reclamos para que retornen los militares, violencia callejera y golpes judiciales o parlamentarios. Todo ello promovido e incitado hasta el cansancio por los medios hegemónicos de los distintos países, pero también con bastante luz verde otorgada por peligrosos flancos débiles concedidos por los procesos progresistas a los que se intenta derrumbar.

Las minas son rellenadas con varilla molida, metralla, tuercas e incluso excremento.

Sin embargo, hay otra variante del avance imperial sobre el continente que hay que tener muy en cuenta, ya que más allá del dolor que produce, pone sobre la superficie un aspecto fundamental de la presencia de quienes representan al enemigo principal de nuestros pueblos, y que ya están actuando con voracidad en cada uno de los territorios. Se trata de las empresas multinacionales, a las que sin duda se puede calificar como “los nuevos marines” de la política de injerencia que tanto Estados Unidos como la Unión Europea, y no pocas veces China, han ido instalando en todos estos años.

En primera instancia, cada uno de estos buques insignia de la invasión económica depredadora se presentan como “inversores” magnánimos que llegan para contribuir al desarrollo de los países, habilitados casi siempre por sus cómplices locales. Se instalan en sitios claves y en los primeros meses hacen campañas “humanitarias”, ofreciendo ayuda para colegios, centros de salud o cuarteles policiales. Las promesas bondadosas duran poco, ya que basándose en contratos públicos o secretos, dejan claro que su estadía va a ser prolongada, para disfrutar en exclusividad de la extracción (robo descarado) de las riquezas naturales. Sobran ejemplos para constatar que bajo su empuje agresivo son arrollados en primera instancia pobladores originarios, la fauna y la flora, pero también las más pequeñas extensiones de tierra donde estas multinacionales ponen sus pies. Gentes y tierras que son contaminadas según las especialidades de la “inversión”, que a veces destruye la tierra a través de plantaciones de soja y otras provocan malformaciones en niños y niñas por nacer, envenenamientos y muerte a través del uso de pesticidas como el glifosato. Ni qué decir de la tragedia ecológica producida en Ecuador por la Chevrón o de las múltiples muertes por contaminación a cuenta de la presencia de Monsanto.

Pero además, y esto es lo que ahora surge de manera transparente, cada una de estas súper empresas cuentan con legiones de paramilitares a su servicio para amedrentar a quienes se oponen a su accionar. Esta técnica ha sido y es usada en la casi totalidad de los países de la regíón donde se hayan “trabajando” las multinacionales. Si llegado el caso, después de usar métodos coercitivos, no logran frenar las rebeldías, deciden pasar a la etapa superior de la ofensiva y directamente asesinan a quienes significan un peligro para sus intereses.. En muchos casos lo hacen selectivamente (Colombia, Honduras, Guatemala, Chile son buenos ejemplos), y en otros, a través de alianzas con ejércitos y policías, producen masacres, como ocurriera en Perú, Honduras, Guatemala, Paraguay y otros países.

Sicarios y mercenarios de las grandes empresas saben muy bien a quienes golpear para sembrar el terror y después de ello, intentar disciplinar a todas aquellas campesinas y campesinos que luchan por la tierra y contra la destrucción del medioambiente. No es casual entonces, que recientemente haya sido asesinada en Honduras la dirigenta campesina Berta Cáceres, referente del Consejo de Organizaciones Populares e Indígenas (COPINH). 

En defensa de los bienes naturales y el pueblo indígena lenca, Berta enfrentaba a los poderes económicos y políticos, y en el último tiempo, accionaba concretamente en defensa del Río Gualcarque, donde la empresa DESA (junto a las subcontratantes Sinohydro (China) y Voith Hydro Holding GmbH & Co. KG de capital alemán) intentaba por segunda vez construir una hidroeléctrica ilegal e ilegítima. Amenazada de muerte en varias oportunidades, sobre todo a partir del rol que Berta jugara en el enfrentamiento a la dictadura en 2009 y posteriormente luchando contra el continuismo, era sabido que los mercenarios la habían condenado, y finalmente ejecutaron su tarea, con total impunidad. 

Por los mismos días en que Berta fue asesinada, atentaron contra Cristian Alegria, sobrino de Rafael Alegria diputado del Partido Libre y Coordinador de Via Campesina Honduras, hecho sucedido frente a las oficinas de la Via Campesina, ubicada en Colonia Alameda, Tegucigalpa. Además asesinaron a Nelson Garcia Miembro del COPINH y líder de la comunidad donde en horas de la mañana habían sido desalojadas 150 familias de Rio Lindo, municipio de Santa Cruz, Cortes.
Siguiendo el raid represivo, capturaron al Presidente de Movimiento Unificado de Campesinos del Aguan, Juan Angel Flores,  en el departamento de Colon, detuvieron a la defensora Orbelina Flores Hernandez miembro del observatorio Permanente de DD.HH del Aguan, atentaron a tiros contra la periodista Kena Arias, en el Departamento de Choluteca, y asesinaron al estudiante de la Universidad Nacional de Agricultura (UNA), Jairo Ramírez,  después de participar en una protesta por la muerte de  Berta Cáceres. 

Hechos parecidos ocurrieron en Guatemala, donde el ambientalista y líder comunitario Walter Manfredo Méndez Barrios, fuera asesinado a mediados de marzo de este año en la población de Petén, en un ataque armado cuando se dirigía a su parcela. Méndez Barrios luchaba junto a sus compañeros en el Frente Petenero contra las Represas, y había sido uno de los primeros en señalar el caso de contaminación en el río La Pasión.
En septiembre de 2015, Rigoberto Lima Choc, otro líder comunitario y recién electo concejal por la Municipalidad de Sayaxché, en Petén, había sido asesinado frente al Juzgado de Paz de esa localidad. 

En Colombia, las operaciones paramilitares de “castigo" a los luchadores han producido solamente en marzo varias víctimas mortales. Entre ellos: 1) un indígena sikuani  en Mapiripán Meta, hijo del líder espiritual que enfrenta a la empresa palmera Poligrow, multinacional italiana productora de palma de aceite, 2) El líder social colombiano James Balanta, asesinado  frente a una instalación militar en el Cauca, en el sureste del país. Balanta se convirtió así en el sexto líder social asesinado en este departamento colombiano en un mes.3) El primero de marzo, fue baleado y murió  Alexander Oime, dirigente social de la zona del Cauca.4) En la primera semana de marzo fue abatido a tiros el joven estudiante comunista Klaus Zapata, vinculado a la Campaña Nacional e Internacional “Yo te nombro, libertad”. 4) También cayó bajo las balas de los sicarios la joven lideresa de la Asociación Campesina Ambiental de Playa Chica (ASCAP), Maricela Tombé.  5) El líder comunitario y defensor de los derechos humanos William Castillo Chima, fundador y tesorero de la Asociación de Hermandades Agroecológicas y Mineras de Guamocó —Aheramigua—, fue asesinado el 7 de marzo en el municipio de El Bagre, Antioquia.

Por problemas de reclamos de tierras o por resistir a las invasiones de estas por parte de multinacionales, los mapuche que pelean en Chile, han sido encarcelados, muchos de ellos expulsados de sus tierras y cuentan con una larga lista de asesinados. Algo similar ocurre con los campesinos del norte paraguayo, invadidos por las multinacionales sojeras y sus grupos paramilitares. Allí entre el ejército, las policías y los paras, han producido diversas masacres como la de Curuguaty, y un buen numero de pobladores han sido asesinados selectivamente o encarcelados.

Perú, Panamá, Costa Rica, Argentina y otros países no se escapan de las generales de la ley en este tema, donde las grandes empresas extranjeras operan con gran facilidad a la hora de apoderarse de tierras que no les pertenecen. Dinero les sobra para comprar ministros, diputados, concejales, comisarios, policías y hasta militares de distinto rango.

Es por todo ello, que así como se habla de nuevo Plan Cóndor para derrocar gobiernos, se puede apuntar algo similar para esta variante de la represión gestada por las multinacionales, los poderes gubernamentales que las instalan y apañan y las fuerzas policiales-militares “legales" y el paramilitarismo que ejecuta acciones contra quienes luchan.
Este panorama, que es parte de la estrategia imperialista y que se manifiesta con diversos episodios impulsados por la derecha regional, pre-anuncia un ciclo de mayor violencia reaccionaria contra los pueblos. 

Se busca acallar las protestas y quitar del medio a los militantes sociales y populares que enfrentan con su compromiso y con denuncias, el accionar de las multinacionales. Allí donde se instalan la Barrick Gold, Chevron, Monsanto, Oxi, Vale, Endesa, Techint, Encidesa, Total, Beneton, Telefónica, Telecom, Aratirí, Ence, Exon y tantas otras que vienen acompañadas de Bancos especializados en el lavado de dinero, surgen inmediatamente puestos militares, grupos de seguridad privada, prostíbulos y las consabidas "guardias blancas” del paramilitarismo. O en países como Colombia, donde los grupos ilegales originados durante el gobierno de Alvaro Uribe para atacar a las insurgencias guerrilleras, ahora se han extendido y con nombres muy variados (Aguilas Negras, Autodefensas Gaitanistas, etc) son "escuadrones de la muerte” al servicio del narcotráfico, y de paso ofrecen sus servicios letales a las multinacionales como Coca Cola u otras similares.

Se hace cada vez más necesario tomar conciencia de que lo que está ocurriendo en el continente no es un simple cambio de etapa, sino la puesta en marcha de un plan para "quedarse con todo”: tierras, semillas, bosques, montañas, minerales, cereales, alimentos, ríos, hielos y todo aquello que el o los imperios necesiten para subsistir a futuro. Entenderlo en toda su dimensión nos posibilitará imaginar, como pueblos, formas defensivas y de respuesta adecuada que frenen este ataque integral y nos vuelva a colocar en posición ofensiva a mediano plazo.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitadas en esta sección


Perfil del Bloguero
Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.
Más artículos de este bloguero

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.