La calle se pone ruidosa y Macri se hace el sordo

Ya no caben dudas: a Mauricio Macri y a su ministro (de Energía) más aborrecido, Juan José Aranguren, les molesta el ruido. Y cuando los decibeles alcanzan gran intensidad, como ocurriera en la noche del jueves, prefieren hacerse los sordos. "Nada veo, nada escucho, nada hago", es la fórmula de su huida hacia adelante frente a un panorama que cada día que pasa se les pone peor. Tanto, que hasta sus propios protectores internacionales (los de USA y los de Europa) ya se están dando cuenta. Es verdad que cumplen a rajatabla todo lo que le ordenan y les planifica la embajada norteamericana en Buenos Aires, pero al costo de que la amarilla imagen de “Cambiemos”  se sigue decolorando.

La calle se pone ruidosa y Macri se hace el sordo

Por otro lado, resistir y luchar parece la  mejor propuesta para quienes están del otro lado del andarivel de esta dura pulseada con el gobierno. En ese sentido, fue maravilloso lo ocurrido en todo el país, cuando cacerolas, silbatos, bocinas, sirenas y hasta algunos potentes fuegos de artificio, se mancomunaron para que el mundo se entere que los argentinos y argentinas no son tan mansos como a veces sugieren las crónicas de algunos periodistas poco avispados. Cada plaza, cada esquina de barrio, cada punto neurálgico del centro de las grandes capitales del territorio, se poblaron de gente dispuesta a batir el parche hasta que quienes gobiernan dejen de hacerse los despistados y se den cuenta que toda esta bronca va contra ellos y su autoritarismo francamente reaccionario. Gorila es la palabra usada hasta el cansancio por estas horas.

El ruidazo tuvo también otra característica saludable. Se hizo desde abajo y llevándose por delante a todas las dirigencias, que como ocurriera en el 2001 no estuvieron a la altura de las circunstancias. Muchos porque directamente se hallan transando con el gobierno, como lo han hecho con todos los mandatos anteriores, otros porque no saben qué decir ni qué hacer frente a una oleada popular que no controlan y tampoco les es fácil cooptar. Como en diciembre del 2001, la autoconvocatoria le ganó a la poca sensibilidad de muchos “referentes” que se proclaman opositores y después terminan arrodillados frente a las prebendas del macrismo. 

Además, esta estruendosa movilización fue absolutamente transversal, ya que en la calle se encontraron todas y todos los que sufren la embestida neoliberal y que quisieron demostrar su hartazgo en una gigantesca acción de desobediencia civil. Todos y todas a la misma hora a lo largo y ancho del territorio, con pancartas improvisadas, donde cada habitante anónimo escribe sus reclamos, siendo la falta de trabajo y el tarifazo las consignas más sentidas, pero que va mucho más allá cuando la rebeldía apunta claramente a quienes se burlan del pueblo mostrando las miserias de su accionar corrupto, con cuentas of shore o con valijas cargadas de dólares. 

También volvió a sentirse esa sana confraternidad entre los que sufren la aplicación de las políticas neoliberales. Saludos afectuosos, alegría de descubrir al vecino que se creía despolitizado o indiferente, estar allí en la esquina, golpeando una vieja cacerola o sosteniendo una bandera argentina. O la jubilada acompañada de su nieta que portaba una caricatura de Macri coqueteando sumisamente con el Tío Sam. O la adolescente esgrimiendo un cartón con la exigencia de moda: “Macri careta, pagare la boleta”. La crispación y la bronca se fueron transformando de a ratos en explosiones de entusiasmo cuando por los celulares llegaban las fotos de los distintos barrios y hasta de los confines más alejados del país. En cada una de ellas se veían multitudes y rostros parecidos. 

Hubo ejemplos significativos de la repercusión del cacerolazo, como en varios colegios nocturnos, poblados de trabajadores, los alumnos y alumnas se decidieron a salir a cortar la calle y gritar contra el tarifazo, o como cuando la totalidad de los asistentes a la presentación -en la sede de la Asociación de Trabajadores del Estado- del último libro del actor Norman Briski, suspendieron por un rato la actividad y se lanzaron a la avenida Belgrano, donde generaron el mayor bullicio posible, mientras desde los vehículos que circulaban por la avenida saludaban solidariamente con sus bocinazos notoriamente anti macristas.

¿Y a todo esto, el gobierno que dice?. Al igual que los vergonzosos medios hegemónicos que ignoraron la noche más ruidosa de las últimas décadas, ni Macri ni Aranguren parecen sacar el pie del acelerador y siguen anunciando más aumentos. A la vez, en la provincia de Jujuy,  la policía del gobernador Gerardo Morales atacó brutalmente -con balas de goma y de plomo- a los trabajadores azucareros de Ingenio Ledesma que reclamaban salarios, dejando un tendal de 80 heridos. Morales no se conformó con eso y armó una nueva redada contra los militantes de la organización de la presa política Milagro Salas, La Tupac. 

Quedó demostrado de esta manera, en poco menos de 24 horas, algo tan conocido y aplicado durante la dictadura militar y los gobiernos de Menem, Duhalde y De la Rúa: los planes económicos neoliberales solo cierran con represión. Pero a la vez, se confirmó palmariamente que esta fórmula, como ocurriera en épocas anteriores, no va a servir para amilanar a un pueblo que se decida a luchar. Lo de este jueves a la noche puede verse en ese marco, como un acto de saludable rebeldía refundadora de algo que todavía no tiene forma concreta pero que se expresa a través de ocupar el mejor escenario posible para estos casos, el de la calle.


teleSUR no se hace responsable de las opiniones emitadas en esta sección


Perfil del Bloguero
Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.
Más artículos de este bloguero

Comentarios
0
Comentarios
Nota sin comentarios.