El fascismo lleva a Brasil al precipicio | Blog | teleSUR
21 mayo 2019
El fascismo lleva a Brasil al precipicio

Es difícil sumar tantos puntos negativos que se acentúan en solo cuatro meses de gobierno, en la economía, en franco declive, o en la política,  el presidente Jair Mesias Bolsonaro logró reunir a la gran mayoría de la
nación contra su incapacidad para gestionar a 208 millones de brasileños, hoy en total turbulencia.

El fascismo lleva a Brasil al precipicio

Las puertas se abrieron al fascismo brasileño desde que en 2016 las fuerzas políticas y económicas golpearon al gobierno electo de la Presidenta Rousseff por una gran farsa, un verdadero golpe que abrió el camino para irracionalidad y una aversión al conocimiento científico. Especialistas en nada y con capacidad para destruir casi todo, asumieron el poder llevando a Brasil al límite del abismo.

Destruyen el aire que respiramos, el agua que bebemos, o el suelo que atravesamos, Bolsonaro y sus políticas, o falta de ellas, representan una amenaza al mundo, con el poder de exterminar la Amazonia y quitar el acuífero Guaraní. Al poner en riesgo el equilibrio del planeta, él lanza momentos tenebrosos no sólo a los brasileños, sino los miles de millones de vidas humanas que respiran el aire generado por la Amazonia y de una de las más importantes reservas de agua del planeta, ubicada entre Brasil, Paraguay y Argentina.

Es un proyecto de tierra arrasada. Brasil es uno de los países más desiguales e injustos del mundo, nuestros indicadores sociales son espeluznantes, pero el grupo incapaz y agresivo que ha tomado el poder, no
está satisfecho: es necesario para matar a los jóvenes negros, es necesario destruir el poco de los pueblos originarios dejados en las poblaciones indígenas.

A pesar de Brasil poseer el triste índice de una mujer muerta cada hora y media, ser campeón de asesinatos de homosexuales, lesbianas y transexuales, vivimos una realidad aun más cruel, por tener un presidente que se destaca por sus prejuicios y por ser defensor de los "ruralistas" que destruyen al medio ambiente, siembran con pesticidas y evaden impuestos. Bolsonaro destruye la economía y con ello la rentabilidad de los adinerados que le financiaron.

Cuando comenzó el 2019 y el gobierno Bolsonaro, la expectativa del mercado financiero era que el Producto Interno Bruto (PIB) iba a crecer más del 2.5% en el año. En mayo, sin embargo, la previsión cayó al 1.24%, como muestra el boletín Focus de mayo, del Banco Central.

Los consumidores también están menos animados, según datos del índice de confianza divulgado por la Fundación Getúlio Vargas, que retrocedió en abril por tercer mes consecutivo y alcanzó el nivel más bajo desde octubre de 2018.

La confianza de los empresarios del área industrial también cayó en abril por tercera vez seguida, de acuerdo con la Confederación Nacional de la Industria (CNI), y quedó en el peor nivel registrado en 2019. Es consenso
entre los empresarios que no es posible invertir en un gobierno sin proyecto, que no logra aprobar nada en el congreso y que perdió tanto soporte en apenas cuatro meses.

El Gobierno Bolsonaro que recibió el país con un desempleo de 11.6% ( datos de los últimos 3 meses de 2018) elevó al 12.7% (3 primeros meses de su gobierno) llevando a más 1.1 millón de personas para este triste campo. El subempleo alcanzó 28.3 millones de personas (25%, el mayor de la historia), sin registro, sin derechos y sin futuro.

Números muy distintos de la época de Lula y Dilma cuando registramos intervalos de pleno empleo (por debajo del 5%). El resultado oficial del crecimiento de la economía en el primer trimestre del año será divulgado el 30 de mayo, pero la previsión del PIB (IBC-Br) indica una retracción del 0.68%. 

Es un trío de muerte que rige todas las acciones de ese desgobierno, es un mal perverso, es el culto a la locura, el limbo económico y social. En este camino se glorifica de la ignorancia con la consiguiente criminalización de todos los que puedan alzar la diversidad de pensamiento, conceptos de libertad. No hay espacio para el debate sano de ideas, políticas inclusivas con amparo en el conocimiento, arte, cultura y ciencia.

El 15 de mayo, 2 millones de personas salieron a las calles del país para protestar contra recortes de recursos para educación, contra el descalabro en la salud y oscuridad administrativa que asolan el país. ¡Fue el día del basta! Un despertar que "él no" es un presidente y estamos acéfalos .

Al estilo militar de elegir a un enemigo, Bolsonaro lo hizo! El presidente de la República, afirmó que el país sería "ingobernable", se vislumbra un auto golpe de Estado como la única salida para los impases del país,
solución inevitable para derrotar lo que llama fuerza de las "corporaciones" que estarían dominando las varias esferas de la República desde siempre le impidió gobernar. Brasil no es ingobernable, Lula
administró, Dilma también y hasta el liberal Fernando Henrique Cardoso que quebró el país tres veces, gobernó.

La cuestión es que ver "riesgos imaginarios", repercutir ideas de terrorismo no es algo nuevo en su vida. Fue en esta línea que amenazó explotar los cuarteles y el sistema de abastecimiento de agua de Río de
Janeiro si no obtuviera aumento en los sueldos cuando era un teniente.

Volvió al tema cuando declaró a una revista masculina internacional (Playboy) que el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso debería ser fusilado. Como también en la oportunidad en que dijo que la solución para Brasil sería una guerra civil, en la que “tenían que morir unos 30 mil”.

Al llamar al enemigo de terrorista, repite y da voz al el estilo de su aliado, Netanyahu, que al asesinar a palestinos, justifica como combate a terroristas. Se comportan como una amenaza a Brasil y al mundo,
precisamente por su población de no seguir sus ideas extremistas. Ahora culpa los demás por lo que no tiene capacidad de realizar. Es recurrente en sus grupos de partidarios, ideas como cerrar el Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal.

Mismo con su victoria, gracias a la persecución judicial al ex-presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, Bolsonaro no deja de atacar la mayoría para beneficiar a una minoría fascista, donde reina el odio. En
este sentido se olvida de gobernar por no ser capaz de gestionar. Ataca militares, sociedad civil, afrodescendientes, LGBTS, parlamentarios, medio educativo y de salud. Odia lo que no puede comprender, enemigo de la izquierda, aleja el centro democrático y hasta la derecha liberal.

Después de compartir un texto que decía que Brasil es "ingobernable", ya que el Congreso estaría al servicio de corporaciones que se oponen a cambios. Algunos de sus seguidores pasaron a difundir una petición sincronizada de que el mandatario "liderara la masa contra el enemigo".

En la Firjan (Federación de la Industria de Río de Janeiro) se disparó otra vez en contra las instituciones: "Brasil es un país maravilloso, que tiene todo para salir bien, pero el gran problema es nuestra clase política (...) cada vez, que pongo el dedo en una herida, un ejército de personas influyentes se vuelve contra mí”. El presidente se olvida que en los últimos 30 años fue exactamente un parlamentario y hizo parte de un partido (PP) con más casos de corrupción.

Y siguió convocando a los presentes a presionar a sus parlamentarios a seguir su gobierno. "Tenemos una oportunidad impar de cambiar Brasil, pero no voy a ser yo solo – no es por mi nombre "Mesías"- que voy a conseguir".

En el fascismo de Mussolini y en el nazismo de Hitler, había un fuerte componente nacionalista, ya Bolsonaro que pestó el saludo militar a la bandera estadounidense repitió tal subordinación al decir hace unos días en
Dallas que "Estados Unidos y Brasil están en primer lugar", una práctica de subordinación que asesina el sentido de cualquier nación y quita la importancia histórica de los pueblos latinos en nuestra formación.

Pero como Mussolini, el fascismo brasileño elige enemigos sin necesariamente nombrarles, por qué puede ser cualquiera que defienda la democracia y luego haga oposición a sus ideas. En otros tiempos y en otras
tierras, la intolerancia extremista renace, y necesita ser impedida indiferente de la ideología de quien mire.


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Perfil del Bloguero
Economista brasileño con posgrado en historia contemporánea, maestría en historia social y doctorado en ciencias de desenvolvimiento estratégico. Autor del libro El Caso Venezolano (2016).

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